Los tercios de Carozzi

La tensión y enredo sobre los 2/3 no fue —ni es, ni será— solo culpa del amor que tienen los comunistas por destruir democracias, sino que también gracias a Fernando Atria. Voy a recordar que este señor dijo que el Banco Central no respondía ante nadie, lo que es completamente falso; luego no solo dijo, sino que judicializó, por todo el país, eso de que los ahorros de las AFP no eran de los chilenos. Extraño para alguien que hace informes explicativos de derecho chileno a tribunales suecos, pagado por empresas de ese país, como Boliden, que esparcieron arsénico y mercurio en Arica destruyendo la vida de miles de nortinos. El poder para el pueblo, dice su Twitter. ¿El poder o la contaminación?

“La tensión y enredo sobre los 2/3 no fue —ni es, ni será— solo culpa del amor que tienen los comunistas por destruir democracias, sino que también gracias a Fernando Atria. Voy a recordar que este señor dijo que el Banco Central no respondía ante nadie, lo que es completamente falso”

Bueno, Atria se paseó años por matinales diciendo también que los 2/3 eran una creación del neoliberalismo. Toda Constitución, incluso la de Chávez, es —casi por definición— un conjunto de reglas que se pactan —y modifican— por más de la mitad de los deliberantes. No importaba, mejor inventar la conspiración, más taquilla. Por eso mucha gente no entendió por qué había apoyado el acuerdo de noviembre. Este profesor, sin embargo, contorsionista profesional, a medida que se acercaba la elección de constituyentes, empezó a pronunciarse constantemente en contra de la famosa regla. Y después, espirituado quizás por las olimpiadas de Tokio, dio otro salto triple con giro: se pronunció a favor, presentándose, a su vez, y sin vergüenza alguna, como nuestra gran reserva republicana. Dice que ya no importan esos 2/3 porque “la derecha” (¿Squella será ahora “de derecha”?) no tiene más de un tercio, y nunca podrá entonces “bloquear” una votación. Es decir, si “la derecha” hubiese obtenido —mediante el voto del pueblo— más de 1/3 (33%), o incluso más, 2/5 (40%), entonces Atria habría estado en contra no solo de los 2/3 (67%), sino que también de los 3/5 (60%), y así sucesivamente, hacia abajo. No me extrañaría que hubiese tenido ya preparado algún sofismo que dijese algo así como que, dada la legitimidad del pueblo pronunciándose, que, los representantes de aquel, constituyentes como yo, funcionarios de la Universidad de Chile, cuyos sueldos provienen de los impuestos sangrantes del pueblo y que, habiendo votado apruebo, como el pueblo de Providencia, y no rechazo, como el de Colchane, basta entonces con lo que decimos nosotros; es decir lo que digo yo, y la señora Loncón.

En 1930, Jenaro Prieto se reía del lenguaje de los socialistas, que podían llegar a argumentar seriamente que «¿quién le impide, por ejemplo, asegurar que la función de la constituyente es obtener el funcionamiento funcional de las funciones funcionales?». Atria ya empezó hinchando con la función de Carozzi. Quizás sus contorsiones van a seguir con la de Luchetti, negando que pueda ser la pasta de mamá, y quien sabe qué más.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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