Los técnicos son fomes

Al igual que lo sucedido con el proyecto del retiro del 10% de los fondos previsionales, los técnicos hoy llaman a no aprobar un posible impuesto a los «súper ricos». Bien personifica ello las palabras del Ministro de Hacienda, Ignacio Briones, quien dijo: «desde el punto de vista técnico, no hay dos lecturas, es un mal impuesto, que no recauda«. Pero el punto no está ahí. En distintos medios de comunicación y redes sociales, se ha propagado la pregunta respecto al por qué no se está escuchando al argumento técnico al momento de legislar, incluso siendo este ninguneado. Quizás haya una posible respuesta. Puede que indigne lo burdo y simple de la afirmación, pero es una dura realidad: los técnicos son fomes. Son desagradables, especialmente para los políticos, pues no son serviles a sus fines electorales.

Los expertos tienen la responsabilidad de decir qué no se puede hacer, qué sí, cuáles son las implicancias de hacerlo y cuales las de no llevarlo a cabo. Y ese es el problema, pues la gente no quiere escuchar un “no se puede”. Por lo tanto, los políticos tampoco, pues su negocio es prometer hacer posible lo imposible. Entonces, dejarlos de lado y ceder al clamor popular parece ser hoy su primer instinto. Y es que el aplauso es su éxtasis, y una vez que lo probaron, difícil es abandonarlo.

Dura realidad. Y así lo (mal)entendió la centroizquierda -y parte de la derecha-. Su búsqueda de un país igualitario, más justo y desarrollado hoy suena como un sueño de antaño. Justamente, así también se explica la ausencia de proyecto político de la centroizquierda que indague fórmulas para el crecimiento -¡Quién lo diría! crecer parece ser impopular-. Escuchar a personajes como el ex Presidente Ricardo Lagos, quien en un debate presidencial el año 1999 contra Joaquín Lavín afirmaba “el énfasis estará en el crecimiento económico. Crecer, crecer y crecer”, hoy es prácticamente imposible. Ni el afán de la igualdad hoy parece importante, pues, luego de que se casaran con la idea del 10%, la cual permitió el retiro de millones de dólares exentos de impuestos a sectores más acomodados, lograron -irónico, ¿no?- aumentar así la desigualdad. Nada importa, pues la nueva guía de conducta es lo popular, lo que se traduce en ofertones irresponsables que no miden ni piensan en las consecuencias de las políticas públicas.

Los técnicos pueden ser fomes, pero nadie dijo que la política debía ser pura entretención. Por el contrario, es el lugar donde el dialogo racional debe imperar y el desligarse de hábitos pulsionales debe ser la regla general. Para volver a aspirar ser un país serio, la relación entre la política y la técnica debe dejar sus peleas de lado. Mucho se ha hablado de la metáfora de repartir y hacer crecer la torta. Lamentablemente, sin técnicos no lograran ni lo uno ni lo otro. La torta será dinamitada y ni migas quedarán para repartir. No hay que olvidarlo: hasta para hacer y repartir el pastel, necesitas un buen panadero.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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