Los Picapiedras

¿Cómo pasamos tan rápido del Pateando piedras al ‘picando piedras’? Sin duda alguna, de las postales más lamentables de estos últimos días ha sido la de un grupo de personas rompiendo el suelo de la ribera del río Mapocho por avenida Santa María para efectos de emplear dichas piedras en contra de Carabineros. Se trata de una pincelada más de la barbarie a la que nos estamos acostumbrando desde el 18 de octubre del año pasado. Como bien señala Francis Buckley, en su columna Los usos de la violencia revolucionaria, el primer paso para que la violencia revolucionaria logre sus objetivos es que esta se convierta en rutina; que sea aceptada como un hecho más de las vidas de los santiaguinos. Es lamentable observar lo rápido que este paso se cumplió en el Chile post 18-O.

Los Picapiedras chilensis, no tienen ni un céntimo de la gracia que tenían los habitantes de Piedradura. Tampoco son una novedad en el catálogo de especímenes que nos ha dejado esta insurrección, recordemos —mejor dicho: no olvidemos— que de la misma especie eran los que convirtieron la entrada principal de la Estación Baquedano en una verdadera cantera, gracias al trabajo de centenares de delincuentes que dejaron aún más inhóspito un espacio que hace poco fue vital para la capital y que en ese tiempo no fue más que un burdo fortín de la rebelión.

Los Picapiedras chilensis son el ‘eslabón perdido’ de los ‘expertos en seguridad’ que en realidad son expertos en controlar a Carabineros. Esto último me parece muy bien, pero ya viene siendo hora de contar también con especialistas que nos digan cómo terminar con la destrucción de lo público de la forma más racional. A falta de verdaderos expertos en seguridad, las autoridades no han encontrado mejor fórmula que retirar los semáforos y parte del mobiliario público para que este no sea destruido durante la conmemoración del 18-O. “¿Cómo evito que los encapuchados destruyan los semáforos? ¡Guardando los semáforos, faltaba más!”. Debo admitir que la astucia de nuestra clase política no tiene límites —«no se los vayan a robar los rusos», decía mi abuelita—. Si ocuparan un tercio de la astucia que emplean en ‘sacarse los pillos’ en aras del bien común, otro gallo cantaría.

Pero, como se acercan las elecciones, Los Picapiedras chilensis ahora son vilipendiados por los mismos que le bailaban el agua hace poco rato atrás. Quizás, Los Picapiedras chilensis no han entendido que la violencia siempre es un medio y que si para ellos es un medio para calmar su resentimiento ese mismo resentimiento es usado como medio por una casta de artistas, políticos e intelectuales para lograr ciertas reivindicaciones políticas sin moverse de sus escritorios. Para varios de estos, ya lograron lo suficiente y por eso les dan vuelta la espalda. Para otros, como el diputado Teillier, todavía es preciso que sigan picando piedras; aún no se cumplen sus fines políticos, siguen siendo “tontos útiles” para el PC, aunque para el resto de la izquierda “moderada”, ahora son solo “tontos”.

¿Cuántas veredas quedan por picar? Cromañones de esta laya sobran para destruir todo lo que tenga pavimento en Chile. Lo relevante entonces es saber si contamos con una comunidad dispuesta a repudiar estas barbaridades y capaces de presionar a las autoridades para que, de una vez por todas, se atrevan a impedir este desastre.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación:

 

"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

Súmate a la FPP Dona Suscríbete

 
Escríbenos a través de Whatsapp
¡Chatea con nosotros! 👋🏼