Los cantos de sirena

El país está siendo testigo de los cantos de sirena. En la Odisea, Ulises se aferró al mástil de su barco y para oír los cantos de sirena, tapó con cera los oídos de su tripulación. Aquí parece suceder algo similar, pero al revés. Ulises, en este caso el Ejecutivo, tapó sus oídos con cera de la demagogia y la pulsión emocional desbocada con tal de hacer tambalear nuestro sistema previsional, pero olvidó tapárselos a sus tripulantes.

De los trece diputados, cinco votos provinieron del gremialismo, UDI, y ocho desde RN, entre los cuales se encuentra el honorable Leonidas Romero y exalcalde de Coronel. Lo que subyace a este fenómeno es que no existe consenso en Chile Vamos respecto de un abanico de principios comunes que orienten la acción política. Por el contrario, hay un profundo desorden, ruptura de confianzas, complejos al momento de defender sus ideas como el Estado de Derecho, la libertad, la responsabilidad fiscal, el buen uso de estos recursos en quienes más lo requieran, etc. Por estos días la derecha ha asumido la falsa superioridad moral de la izquierda, considerándola intérprete exclusiva de los más necesitados -y últimamente de la clase media-, dejándole en bandeja de plata las políticas sociales.

La derecha chilensis, terminó por validar el diagnóstico que la izquierda presenta de ella, esto es lo que Sir Roger Scruton establece en “Locos, impostores y agitadores” a saber: “Si te identificas con la derecha, entonces estás fuera del debate: tus opiniones son irrelevantes, no mereces respeto, tu existencia en este mundo es un error. No eres un oponente con el que se deba discutir, sino una enfermedad que se debe erradicar”. Por ello, es que no es capaz de enfrentar una problemática social y económica desde su visión política e ideológica. Se ha autoinfligido un daño de tal magnitud que ha sido servil y útil a un proyecto de ley regresivo, que le sirve más a quienes más tienen y no a quienes hoy están en una situación vulnerable, del cual nunca debió adherir. No solo por cuestiones de efectividad de la política pública en cuestión -dicho sea de paso, ni economistas de la ex Concertación dieron su visto bueno para semejante mamarracho-, sino porque ha quedado al desnudo la fragilidad ideológica de su sector político, erosionando las confianzas y tensando aún más a La Moneda.

Por otro lado, ¿quién es capaz hoy de garantizar que, ante un terremoto, catástrofe natural, crisis o recesión económica, no se propondrá nuevamente una medida de un tenor similar? ¿estará la miopía de la derecha dispuesta a caer nuevamente en encantadores de serpientes o existirá un mea culpa suficiente como para enfrentar esas turbulencias tomando con firmeza el timón desde su propia esfera ideológica? Es difícil anticiparse y avizorar a un escenario así. De lo que si podemos tener certezas, es que este no será ni el primero ni el último de los cantos de sirena. Espero que para cuando esa ocasión llegue, no estemos dispuestos a oírlos.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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