Los ajedrecistas

La metáfora de la política como un juego de ajedrez ya no aplica en el caso de Chile. El juego de reyes requiere inteligencia pero sobre todo templanza para garantizarse un triunfo bajo el asedio constante de peones, alfiles, caballos y torres del adversario. Al igual que la política, el ajedrez no consiste solo en derrotar al contrincante, sino en hacerlo evitando sacrificar todas las piezas. Ahí radica la belleza de inicios como el jaque pastor, por ejemplo. Un jugador de ajedrez, por tanto, no puede pretender ganar una partida jugando a tontas y a locas, sin pensar en los efectos de sus jugadas.

Al igual que un ajedrecista, un político tampoco puede pretender ganar tajadas de poder rompiendo o desconociendo las reglas democráticas o hipotecando la estabilidad política en la cual está inserto. Incluso en situaciones de crisis, debería actuar intentando no desmoronar el marco institucional que lo sostiene. Y si quieren jugar a revolucionarios, pues deben asumir los costos que ello implica. Pero en general y como casi siempre ocurre, a varios les gusta alardear de revolucionarios pero no asumir los costos que ello tiene.

En los últimos meses varios de nuestros honorables políticos han estado dando muestra de una notoria falta de templanza en el juego democrático con tal de ganar algunas tajadas de poder. Así, más allá del juicio que se tenga respecto al desempeño del ejecutivo en estos largos meses, varios desde el poder legislativo parecen estar dispuestos a darle con todo al marco institucional, del cual son parte, con tal de hacer caer al gobierno. Es decir, con tal de lograr un jaque mate están dispuestos a voltear el tablero completo. Pero ¿qué implicaría aquello en términos democráticos? Es decir ¿han evaluado los efectos de sus decisiones en ese sentido? Probablemente no, pues les es más fácil llorar sobre la leche derramada.

Así, quizás inspirados en lo que ocurrió en Perú donde se declaró la vacancia del cargo presidencial ocupado por Martín Vizcarra, nuestros legisladores han vuelto a levantar la idea de adelantar las elecciones presidenciales para abril de 2021, pidiendo que Piñera dé un paso al costado. Lo único que les falta es repetir ese titular de 1973 de La Segunda: Renuncie, hágalo por Chile.

Considerando que nuestra legislación no contempla el mecanismo de elecciones anticipadas y solo las considera en caso de vacancia del presidente de la República, producto de una enfermedad, un impedimento grave, la renuncia o por inhabilidad mediante acusación constitucional en el Senado, los honorables están impulsando un cambio radical de las reglas del sistema político. No parecen dispuestos a ceñirse a las reglas vigentes ni al propio proceso constitucional ya iniciado. Ellos quieren imponer las reglas, ad hoc, desde ya.

En otras palabras, nuestros mediocres ajedrecistas pretenden cambiar las reglas del juego en plena partida para ver si así logran, por fin, un jaque mate anticipado. Pero ¿qué pasaría si, al revés y siguiendo la misma lógica anterior, fuera el poder ejecutivo el que quisiera dar termino a la partida adquiriendo la capacidad, no considerada en la legislación chilena, de disolver un Congreso que le es hostil? Claramente se acusaría de un atentado a la democracia, a la división de poderes, de dictadura, de golpismo. Pues bien, eso está haciendo el Congreso al abrir una válvula no estipulada, aprovechando supuestos clamores.

Como ocurría con los antiguos demagogos, en un contexto de crisis política nuestros legisladores han comenzado a atribuirse potestades que escapan a las que la constitución vigente les confiere. De forma mañosa intentan alterar el equilibrio entre poderes, no para hacer contrapesos al poder ejecutivo, sino para atribuirse sus funciones. Lo peor es que esto lo hacen sin considerar las consecuencias políticas e institucionales que eso podría implicar. Quizás presumen que al hacer el jaque mate, simplemente tomarán la posición del derrotado, sin darse cuenta de que están volteando el tablero completo.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación:

 

"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

Súmate a la FPP Dona Suscríbete

 
Escríbenos a través de Whatsapp
¡Chatea con nosotros! 👋🏼