Litio: empresarios amateurs

Un historiador decía que las grandes tragedias son siempre consecuencia de errores de cálculo. Napoleón en Rusia, Argentina en las Malvinas, Putin en Ucrania y Bachelet con el Transantiago son ejemplos de ello. Esto se aplica también a las cosas simples de la vida. Desde la ignorancia, minimizamos la complejidad de tareas que nos parecen sencillas, como cambiar un enchufe sin electrocutarnos o calentar una mamadera sin quemar a la guagua.

Nuestros inexpertos lideres minimizan la complejidad de hacer empresas. Si las hubieran hecho; sabrían la dificultad que representa la inflación para las pymes; entenderían la importancia del TPP11 (la globalización ayuda a los países chicos y el proteccionismo a los grandes), y comprenderían la relevancia del mercado de capitales para la gente común (financia sus casas, pensiones y hasta la limpieza del agua); entenderían que los chilenos no tenemos la productividad alemana y cuales son los límites que impone nuestra ubicación geográfica (ningún país al sur de la línea del Ecuador produce productos complejos, porque están muy lejos de los centros de consumo. Fabricar “blackberrys” en Ushuaia es un ejemplo de estulticia estatal).  Si entendieran de empresas, dejarían de criticar el lucro y de hablar que el “modelo se agotó” y aprenderían que “al modelo” lo agotaron a punta de impuestos, regulaciones y burocracia; que el lucro/rentabilidad es una de las medidas del éxito de un proyecto -como la tasa de crecimiento es de un país-, que el desarrollo económico cuida el medio ambiente y se darían cuenta que la reforma tributaria es la repetición del error de Bachelet (que causó el estallido), pero con esteroides.

Critican la agricultura como una actividad “primaria y extractivista”. Ignoran la complejidad de poner una caja de cerezas en China en una ventana de 2 semanas. Desconocen que proyecto empieza por lo menos 5 años antes y requiere un esfuerzo tecnológico, humano, financiero y logístico sofisticadísimo, amén de una cuota de suerte para sortear riesgos impredecibles (clima, huelgas portuarias, pandemia, etc). Si al menos preguntaran aprenderían que las forestales no explotan el bosque nativo; que sus bosques se riegan sólo con lluvia y que las baterías de litio tiene poco y nada de litio y por eso no se fabrican en Chile.

Ahora fantasean con hacer una empresa de Litio. La historia de nuestro estado empresario es mala, tuvo éxitos muy limitados cuando confiscó mineras a terceros o tuvo monopolios. Pero lo peor es que aquellas que fracasaban o eran superadas por el mercado o la tecnología no se cerraban. Ese fracaso lo pagamos con inflaciones crónicas, sin pensiones y con mala calidad de servicios públicos.

Las sociedades progresan cuando al estado facilita que los privados se arriesguen y emprendan (Estado subsidiario), no cuando los políticos les quitan sus ahorros para invertirlos en empresas estatales. Imagínese la empresa estatal del litio dirigida por Karol o Daniel y administrada con cuoteo político; perspectiva de género; lenguaje inclusivo y sin lucro. Esa empresa promete un futuro apocalíptico, pero ellos invertirán los ahorros de la Sra Juanita y del sufrido Moya, no los propios.

«Las sociedades progresan cuando al estado facilita que los privados se arriesguen y emprendan (Estado subsidiario), no cuando los políticos les quitan sus ahorros para invertirlos en empresas estatales.»

El estado sin invertir capital, es socio de todas las empresas cobrándoles impuestos de un 27% para después rematar a sus socios hasta con un 44,45% (sin contar el royalty minero, IVA y patentes). Por eso para participar y ganar en el litio no necesita hacer empresas propias que fracasarán como la farmacia popular de Daniel.

En el estado tenemos 3 mil millones de dólares en proyectos estatales “mal evaluados”, (eufemismo político equivalente al fracaso privado), pero ninguno se cierra. Esto porque los que toman las decisiones no sufren el costo de sus errores. Mientras Australia explota con privados su litio nosotros nos estancamos declarándolo estratégico (sin serlo), armando un cartel con Evo y los K y desarrollando una empresa estatal que nos costará una fortuna. Todo es medio desquiciado; como de adolescentes jugando “monopoly” más que de adultos evaluando proyectos. Es una pena, pero día que pasa Chile se empobrece y por eso tenía razón un sabio, que decía: “si usted se queja que la educación es cara, pruebe con la ignorancia”.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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