Libertad de Estado

En comparación con el Índice de la Libertad del 2015, este año llama que en la atención la importancia del ítem relativo a la libertad de educación: la primera preocupación que mostraron los chilenos es que el Estado no se entrometa en la educación de sus hijos. Es decir, creen que es más importante que los dejen «decidir la forma de criar y educar a los hijos» (lugar 1) antes que los dejen hacer marchas públicas (lugar 19) o que les entorpezcan la formación de partidos políticos (lugar 22). Cae entonces la pregunta, ¿están respetando las reformas actuales esta libertad tan valorada por los chilenos? Claramente no. Por ejemplo, la reforma universitaria que lidera la Presidenta Bachelet y su Ministra Delpiano propone entregar gratuidad a los alumnos que vayan a las Universidades que el Estado decida. Así, por ejemplo, si un joven talentoso quiere ir a una Universidad de excelente calidad pero que no sea parte de las Universidades que el Estado apruebe (según aspectos diferentes a la calidad), no podrá ir, lo que limita su libertad de elegir. ¿Y qué pasa con los colegios particulares subvencionados? En el largo plazo ya no podrán recibir aportes de los padres, por lo que existirán solo dos tipos financiamiento: completamente privado para particulares pagados, carísimos e inalcanzables para la mayoría, y los subvencionados, financiados completamente por el Estado. Antes, al menos, habrían existido intermedios. Estas reformas, por lo tanto, traspasan la libertad desde los ciudadanos al Estado, es decir, al político de turno y burócrata que esté ahí sentado.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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