Latinoamérica

En junio, el escritor colombiano Juan Gabriel Vasquez dio una entrevista a El Mercurio donde dijo que «la desinformación y las mentiras de una campaña muy bien organizada y eficaz» habían hecho el Acuerdo de Paz en su país, plebiscitado en 2016. Yo no tengo idea qué ideología defiende Vásquez, pero esa vez también dijo que iba a votar por Petro, a pesar de que tenía «muchísimos reparos» con él, y «que no le parecía una buena noticia para Colombia». Es cierto, la tenía difícil: al frente tenía un populista demagógico apolítico, y«la caricatura de la caricatura», como lo llamó Héctor Abad. Pero no importa, lo dijo. Veremos qué hace el presidente colombiano, un exguerrillero que hace 30 años se paseaba con metralletas para hacerse del Estado. ¿Iremos a tener acá a Llaitul de candidato a la presidencia en unos años más?

AMLO, presidente de México, dijo, impudoroso, que en esas elecciones Petro estaba «enfrentando una guerra sucia de lo más indigna y cobarde». AMLO, al igual que Trump, insistía en que él había perdido la elección de 2006 por fraude electoral, e insinuaba que lo mismo le iba a pasar a Petro, quien finalmente ganó luego de haber sido «un pésimo alcalde de Bogotá [y] durante cuatro años, en vez de gobernar, dedic[arse] a pelear con amigos y enemigos», en palabras de Abad. En México, hace unos meses, me tocó conocer a varios antiguos votantes entusiastas de AMLO. Eran de un perfil idéntico al votante ñuñoíno de Boric, pero estaban ya avergonzados de los delirios de su presidente, sus ataques a la prensa, sus «mañaneras», sus despilfarros económicos y el abandono en que tenía al Estado. Todo eso era algo que «nunca se lo habrían imaginado».

Después del estallido chileno, me quedó claro lo poco que se puede confiar en los corresponsales extranjeros. Cada noticia que aparecía en medios extranjeros era una descontextualización total, ridícula, más propia de un adolescente sobreexcitado que de un analista político. Vásquez está lejos de eso, pero sus palabras las leo ahora con cautela y me hacen pensar en el futuro: ¿se irán a pasear por el mundo los políticos, y los burócratas de la academia, quejándose de que en Chile se rechazó una propuesta constitucional por las noticias falsas? ¿Los nuevos Atrias que ya aparecen serán los burócratas encargados de esos datos? Ni idea quién ganará, pero llevan mucho rato esparciendo esa ridícula idea. Y en eso justamente se basa el gobierno para su campaña informativa, en una simple farsa interventora. Son incapaces, obvio, de defender un texto constitucional que hace todo lo contrario a lo que debería hacer: limitar el poder del Estado. En vez de separar el poder, lo concentra; en vez de independizar a los jueces, los politiza. Dirán que no es así, pero Boric y el PC tampoco iban a intervenir TVN, y por eso hablaban de la BBC. En otra época, eso tampoco lo habrían imaginado.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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