Las claves del Piñerismo

El Piñerismo saca parcialmente cuentas alegres. La última encuesta Cadem señaló que un 37% considera que el presidente cuenta con autoridad y liderazgo, un 36% que posee la capacidad para solucionar los problemas del país. Agreguemos que un 25% lo aprueba, algo que también validó la encuesta Criteria Research, -considerando que hasta hace bien poco el 6% aparecía en tono inquisidor tras su sombra- el Piñerismo posee, por tanto, un presente más dulce que agrio.

Es que el oficialismo debe dedicarse a hacer lo que sabe hacer: gestar.

Asumiendo esa realidad, el gobierno no debiese cometer errores no forzados o pegarle a la malla, como en el tenis se diría. El caso de la reducción del presupuesto de Bomberos, la compleja implementación conceptual de la “nueva normalidad” (carnet Covid-19) y la forma de poner en discusión una posible postergación del plebiscito, le han traído más pérdidas que dividendos, como tanto resuena hoy esa clave comercial. Es que el oficialismo debe dedicarse a hacer lo que sabe hacer: gestar. Nadie duda de las competencias idóneas del presidente Piñera en esa materia, ha sobrellevado el terremoto, la H1N1, el desastre de la mina San José y aluviones. Es alguien que sabe repeler, manejar y salir al paso frente a este tipo de calamidades. La población reconoce en él dichas virtudes, en esa materia aflora ese respeto que parecía esquivo.

Eugenio Tironi revela en su libro “¿Por qué no me quieren? Las virtudes que las personas conceden al presidente. “Se le reconocen inteligencia, capacidad de trabajo, voluntad de hacer cambios. También se aprecia su actitud: extrovertido, decidido, perseverante, sobrio”. Es que entonces se trata de sacar provecho a lo que se posee, de aceptar las luces y sombras que caracterizan al gobierno personalista del presidente Piñera y, a partir de allí, relucir esas aptitudes que permiten recuperar algo de ese capital político perdido. Se trata de no inmiscuirse en demasía en la tiranía de los espacios donde priman sus debilidades: las comunicaciones. Velar por asimilarse al fenómeno de Sergio Busquets en el Fútbol Club Barcelona, esto es, ser pulcro, preciso y hacerlo silenciosamente. Controlar la necesidad imperiosa de la búsqueda de una cámara para una verborrea que terminará trayendo más dudas que certezas, y más problemas que soluciones.

Además, La Moneda ya se encuentra en su segundo tiempo y, en virtud de ello, deberá buscar la forma de compatibilizar la gestión de la peste con la mantención de los números que hoy lo benefician en miras al término del mandato. Por ello, gobernar en silencio sería una estrategia a aplicar, asumiendo que como afirma Jaime Durán Barba en su libro “La política en el siglo XXI”: “el mito de que el electorado es obediente y manipulable, falacia y prejuicio que lleva a muchos políticos tradicionales a no comprender que la opinión pública es incontrolable” y ante ello el Piñerismo debe comprender su alcance y consecuencias. De actuar de forma contraria, el coronavirus solo habrá sido un paréntesis y los fantasmas que asolaron Palacio unos meses atrás podrían retornar. Las piezas que mueva La Moneda serán claves y como diría Don Quijote “más vale una palabra a tiempo, que cien a destiempo”.

.

.

.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación: