¿La tercera es la vencida?

La nueva ministra de la Mujer deberá dar el ejemplo de sensatez y seriedad que el cargo exige, demostrando que ser de derecha y promover la igualdad de género no son cuestiones excluyentes. No hay espacio para más pasos en falso.

Establecer la igualdad de derechos y deberes, tolerancia cero a la violencia, fortalecer la autonomía económica de las mujeres, y potenciar los liderazgos femeninos son los principios que deberían guiar al gobierno en materia de igualdad de género. Así al menos lo constató el presidente Piñera durante la ceremonia de juramento de la nueva ministra de la Mujer, Mónica Zalaquett. Sin embargo, la inestabilidad que ha caracterizado a dicho ministerio este último tiempo erige una incertidumbre sobre la seriedad con la que estos principios son tomados en cuenta.

En lo que va del año, tres figuras han estado a la cabeza del Ministerio de la Mujer, por no mencionar el largo período en el que este quedó huérfano tras la renuncia de Isabel Plá a mediados de marzo. Desgraciadamente esto también vino acompañado de una gran torpeza en el manejo de la cartera, tanto en materia comunicacional como técnica, especialmente durante el último mes.

No es momento para repartir culpas, ni de pequeñez política. Pero sí es prudente hacer un llamado de atención al oficialismo para tomarse la cartera con la seriedad que corresponde. Pues lo que uno esperaría de cualquier designación ministerial es que esta cumpla con un mínimo de competencias para hacerse cargo de las exigencias que el puesto requiere. Especialmente en el marco de algo tan grave como la creciente violencia dentro de los hogares en cuarentena o la reciente discusión por el posnatal de emergencia.

No está en discusión el hecho de que Macarena Santelices haya tenido que cargar con importantes críticas desde que asumió el pasado 6 de mayo. Diferentes grupos de izquierda, organizaciones feministas e incluso parlamentarios oficialistas se resistieron y cuestionaron su llegada, calificándola de simple “cuoteo político”. Sin embargo, no hay mucho piso para sugerir que aquella fue la principal razón detrás de su renuncia. Y es que durante los 34 días de su gestión hubo una serie de errores cuya responsabilidad fue exclusivamente suya.

Omitir información a la Secom para divulgar material audiovisual, y luego delegar la responsabilidad de su fracaso mediático a la directora del Sernameg es simplemente inaceptable. Para qué mencionar el amiguismo y el cuoteo político con un cargo tan importante como la Jefatura de la División de Estudios, especialmente cuando esta es entregada a alguien cuya trayectoria laboral difiere enormemente del enfoque del ministerio. Juzgándola netamente por los resultados, convengamos en que se cometieron equivocaciones insalvables que denotaron escaso manejo político, lo que finalmente terminó costándole el puesto.

La pregunta ahora es si el gobierno podrá poner orden dentro de la cartera y si veremos una hoja de ruta clara que esté por sobre los intereses personales de la ministra de turno. Una visión de igualdad de género sólida que pueda entregar oportunidades y garantías a las mujeres de Chile, independiente de su color político. En ese sentido, hoy Mónica Zalaquett deberá dar el ejemplo de sensatez y seriedad que el cargo exige, demostrando que ser de derecha y promover la igualdad de género no son cuestiones excluyentes. No hay espacio para más pasos en falso.

.

.

.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación: