La semana política en Chile

Buenas cercas, buenos vecinos

Robert Frost termina su célebre poema Mending Wall con una frase muy atingente a nuestro último impasse diplomático con Argentina: “Good fences make good neighbors” (Las buenas cercas hacen buenos vecinos).

Por esta razón, es una buena noticia que desde el Ministerio de Relaciones Exteriores -a través de un Decreto publicado en el Diario Oficial a principios de la semana- se hayan actualizado los límites marítimos australes como respuesta a las pretensiones argentinas de extender su plataforma continental más allá de las 200 millas en el Mar del Sur Austral.

Desde esta semana, Chile cuenta con una normativa sólida acorde con el Derecho Internacional del Mar, a través de la cual podremos conversar con el vecino país.


No debemos soslayar el hecho de que en tiempos electorales un amplio espectro de parlamentarios hayan respaldado con firmeza el actuar del Gobierno. Es bueno saber que, a pesar del evidente deterioro institucional, todavía queden gestos republicanos que vuelven a poner a Chile en primer lugar.

¿Y qué pasa al otro lado de la cordillera? Es de esperar que la polémica limítrofe no sea aprovechada por el gobierno de Alberto Fernández como una excusa para encubrir tanto el desastroso manejo sanitario y económico de la pandemia como las polémicas visitas a la Quinta presidencial de Olivos, donde Fernández celebraba grandes reuniones en tiempos donde las restricciones para el resto de los argentinos eran draconianas.

Derechos inhumanos

Esta semana algunos constituyentes han tenido el descaro de intentar levantar el secreto de la Comisión Valech. Como si fuera poco, la exsubsecretaria de Derechos Humanos y actual candidata a diputado, Lorena Fríes, rechazó que Ricardo Lagos abogara por mantener el acuerdo. Fríes twitteó que “el Chile del que habla Ricardo Lagos ya no existe”.

Frente a ello, sería válido preguntarse ¿qué Chile? ¿Aquel que no respeta las víctimas? ¿Aquel que no cumple acuerdos? ¿ese país que prometía resguardar la libertad individual basada en el respeto irrestricto de la dignidad humana? Y el mensaje de ella continúa: “la dignidad que demandan chilenas y chilenos no incluye pactos de silencio”.
Es absurdo ver cómo la discusión pública en torno a la dignidad desacredita la dignidad misma. Con ello me refiero, a que seguramente es el consentimiento la mayor acción de respeto a la dignidad humana, puesto que resguarda la intimidad de la persona que decidió aportar información dolorosa.

Desde la psicología este precepto es, seguramente, uno de los más importantes, puesto que responde a un acto de confianza, donde una de sus partes está en completa vulnerabilidad.

Más ilógico es que la exsecretaria de Derechos Humanos sea incapaz de ver la gravedad del caso. Sin embargo, este absurdo disminuye cuando se comprende la mentalidad colectivista, y con ello, totalitaria. Como bien diría Jorge Millas en su obra La filosofía de la violencia: para los revolucionarios “la víctima de la violencia desaparece igualmente, en virtud de otra mágica sustitución: la de su condición de víctima por la del victimario”.

Identidad nacional

Hace años que se observa un ataque directo hacia la cultura y la erudición; hacia disciplinas que no solo fomentan la educación cívica, sino que el sano desarrollo de la identidad. Por ejemplo, hace algunos años se discutía sobre eliminar la asignatura de Filosofía en las escuelas.

Luego, el 18 de octubre demostró que existe nulo respeto por la historia nacional y su patrimonio. Y ahora, algunos se sorprenden, cínicamente, que se discuta en la Convención Constitucional si es que deberíamos seguir siendo la República de Chile.

El problema es que cuando no se promueve la enseñanza de la cultura e historia, el individuo no establece apego con su país, ni con sus habitantes y menos con su comunidad. De esta forma, lo que era suyo se vuelve un obstáculo para su bienestar y el que era su compatriota ahora será un enemigo. Así, el chileno, despojado de su historia y de la cultura, pierde valiosísimas herramientas de autoconocimiento y de pertenencia. Como bien defiende el medievalista Jaume Aurell, “una sociedad sin historia es una sociedad sin identidad”.

Números alentadores… y también de los otros

Luego de tantos meses con cifras “negras” y “rojas” que hacían deprimir hasta al más optimista, es positivo comenzar el mes de la patria con números que nos hacen olvidar momentos más duros. Desde el INE nos informan que la tasa de desocupación disminuyó en 4,2 puntos porcentuales comparado con igual periodo de 2020, esto significa que en un año se han creado un millón de puestos de trabajo.

Junto a ello, también podemos celebrar que el 80% de nuestra población está vacunada para el SARS-CoV-2 y que los indicadores de la pandemia continúan a la baja.

Sin embargo, como no podía ser de otra forma, también tenemos cifras preocupantes. El Informe de Política Monetaria del Banco Central proyectó la inflación hasta un 5,7% anual, cifras que no se veían desde 2008. Un tuit reflejaba muy bien este problema:
@diegolaguna: “El Banco Central anuncia 5,7% de inflación para fines de este año. El impuesto a los súper pobres ya comenzó…”
En resumen, a celebrar como buen septiembre, pero esta vez con moderación y sin quejarse por el precio de los anticuchos.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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