La renegada DC

La última entrevista de la Presidenta Bachelet ha generado diversas reacciones, pero además ha dejado en evidencia una situación que por bastante tiempo se intentaba negar: la condición de claro disidente ideológico de la Democracia Cristiana dentro de la Nueva Mayoría. La DC está viviendo lo que todos los reformistas han sufrido en la historia. Lo que -guardando las proporciones- vivieron girondinos y mencheviques a manos de jacobinos y bolcheviques, respectivamente.

Esto no se trata solo de la tensión histórica entre la DC y el PC -que está guardada en un cajón para garantizar el acceso y reparto del poder-, más bien tiene que ver con una tensión discursiva. Tirantez en la que la DC se convierte en un renegado socialdemócrata frente al voluntarismo sin renuncia de sus compañeros de coalición.

Parece que la DC aún no se da cuenta que la pugna que vive con sus socios en la Nueva Mayoría ya no trata sobre políticas públicas, como en la era concertacionista, sino que es eminentemente ideológica. Los democratacristianos todavía creen eso de la revolución en libertad, mientras sus compañeros de coalición probablemente ya enfilan bajo el lema de Saint-Just: “Las virtudes o el Terror”.

A los DC les falta entender que el sin renuncia de Bachelet es más cercano al viejo avanzar sin transar que a “un hogar para ser habitado por los hermanos”. Quizá así entenderían que como partido no son más que parte de una gran mascarada que encubre las pretensiones maximalistas de los sectores más radicales de la Nueva Mayoría, que no creen en la propiedad privada ni los mercados libres, tampoco en la democracia representativa, la separación de poderes y la independencia del Banco Central, y menos aún en el pluralismo ideológico. La DC ha olvidado aquella frase atribuida a Robespierre de que la revolución es como el dios Saturno, y siempre devora a sus propios hijos.

¿Estarán dispuestos a ser el plato de fondo?

Quizá intuyen la posibilidad y en medio de las crecientes apetencias del poder, algunos ya están intentando zafar de sus fauces.

¿Será demasiado tarde?

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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