Publicado el 04.12.2014

La pereza política

El voto obligatorio se vuelve a asomar de manera transversal como panacea ante los altos niveles de abstención electoral. Nuestros políticos siguen entrampados en su pereza intelectual, su paternalismo endémico y su actitud irresponsable. No sé preguntan por qué en la última presidencial casi un 59% prefirió no votar. Sólo presumen que los ciudadanos son irresponsables y por tanto deben ser obligados a ejercer el sufragio, a cambio de supuestos derechos o incentivos que ellos les conceden.

Siguen considerando las elecciones como un acto de reflejo condicionado, como mero intercambio de votos por recompensas o “soluciones”. Confundiendo así las decisiones públicas con la voluble y cambiante voluntad “de la calle”. Reducen la Política y el proceso electoral a la previa apertura de una piñata donde todos esperan agarrar dulces.

Uno de los argumentos a favor del retorno del voto obligatorio se basa en la evidencia que indica que éste disminuiría la abstención entre los ciudadanos con menores niveles de instrucción e ingreso. Pero eso camufla la falencia que el voto voluntario ha dejado en evidencia: El escaso valor dado al uso público de la razón, la libre opinión informada, como elemento clave de la política democrática. Nada de razones, a votar o la multa. Reflejo condicionado puro.

¿Cuánto tiempo dedican los partidos y sus aspirantes al poder político, a promover una esfera pública informada, más allá de sus propios intereses y lineamientos ideológicos? ¿Cuánto de lo que gastan en carteles y publicidad en sus distritos lo destinan a informar realmente a los electores sobre los asuntos públicos? ¿Qué pasaría si consultamos a sus brigadistas sobre los asuntos de la polis?

Mientras nuestros políticos se quejan de lo irresponsables que seríamos por no votar, ninguno menciona o se pregunta cuán representativos, inclusivos o elitistas son sus propios partidos; o cuánto nepotismo, clientelismo y cooptación existe al interior de éstos. Ni hablar del despilfarro de carteles-basura que existe en cada proceso electoral, o el bajo nivel del debate político entre los representantes en los últimos meses. Esa es la paradoja. Ellos no hacen Política, ni siquiera cuando hacen interpelaciones. Mientras buscan “incentivar la participación” obligando a votar.

A Chile le falta Política. Está plagado de política de la nimiedad, de la bravuconada y la pachotada al voleo. Nos falta debate público, diálogo abierto, honesto, informado y reflexivo con respecto a los asuntos públicos.

En ese sentido, los que más contribuyen a la desafección de los electores y un clima de opinión no pública, son aquellos que convierten la actividad política en un remate, incluso de cosas que no les competen entre sus facultades como eventuales representantes. Son ellos los que distorsionan la participación política y la democracia, tornándola hacia el populismo y el despotismo, mediante el camino fácil del ofrecimiento irresponsable y demagógico. No es raro que en una reciente encuesta del Instituto Nacional de la Juventud, un número no menor de jóvenes creyera que la función principal de los diputados era pavimentar calles. Es que a nuestros políticos sólo les interesa que votemos, les da lo mismo realmente para qué.

Fuente: Chile B

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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