La oligarquía del PPD

Señor director

En Los Partidos Políticos de 1911, el sociólogo ítaloalemán Robert Michels expuso su ley de hierro de las oligarquías, indicando que “los líderes que al principio no eran más que órganos ejecutivos de la voluntad colectiva, se emancipan al poco tiempo de la masa y se hacen independientes de su control”. Esto, según Michels daría pie a la sustitución de los fines últimos del partido (sus ideales) por los fines instrumentales de las facciones dirigentes. El Partido por la Democracia (PPD) estaría dando un ejemplo de lo descrito por Michels hace más de un siglo. Ante una norma estatutaria -creada en 2008-, que establece un límite de dos períodos continuos para la repostulación a cargos de representación popular, su cúpula dirigente estaría evaluando “flexibilizarla” para permitir a algunos de sus miembros (que ya ocupan cargos de representación) repostularse en 2017. En momentos de crisis política, deterioro de confianzas y credibilidad, junto con la necesidad de incentivar espacios de participación, lo que pretende el PPD es una contradicción. Hablan de democratizar la política mediante una nueva Constitución mientras sus procedimientos internos siguen siendo oligárquicos. Luego tienen el descaro de proponer el financiamiento de los partidos con impuestos ciudadanos. En enero veremos cuán democrático es el PPD o si sólo estamos ante lo que Juan Linz denominó como partidocracia; es decir, procedimientos oligárquicos con apariencia democrática. Por lo demás, ¿qué partido se salva?

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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