La muerte del periodismo

Más allá del escándalo de que un discurso como el de Donald Trump haya seducido a casi 60 millones de estadounidenses, hay otro hecho nuevo para la historia política moderna: la totalidad de la prensa escrita y digital hizo lo imposible por descalificar al candidato Republicano y su efecto fue nulo, o incluso contrario. La “opinión pública”, la famosa opinión políticamente correcta, reflejada, y muchas veces incluso manejada, por la todopoderosa prensa, se escabulló. El periodismo dejó de reflejarla y menos pudo manejarla. Además, esta “opinión pública” dejó de ser políticamente correcta —o quizás, la verdad, nunca lo había sido—. Los dichos de un profesor estadounidense iluminan bien este punto: el voto de Trump refleja lo agotada que está la gente de que la cataloguen como “demente” por tener armas, rezar o creer en la educación privada. Para qué decir lo que significa ser considerado como “facho” por simplemente no adherir a la estética de la revista New Yorker o no encontrar un santo a Obama —cuya ciega devoción de muchos chilenos parece, a lo menos, extraña—. Según un profesor de la Universidad de Northwestern, a Hillary Clinton la apoyaron 360 medios de comunicación y a Trump apenas 13. Sin embargo, en redes sociales las diferencias se invertían: los números de seguidores y las diferentes interacciones digitales sobre actos de campaña u otros posteos eran 10 o 30 veces mayor en Trump que en Clinton. La opinión pública, por lo tanto, habría emigrado y el “cuarto poder”, por lo mismo, estaría siendo menoscabado.

Habrá que ver si esto es un mero hecho puntual o una realidad. Por mientras quedará pensar que Trump estaba actuando y fue entendido por sus votantes más simbólica que literalmente. Además, es hora de que finalmente muchos se iluminen y reconozcan la importancia del liberalismo, la ideología escéptica de condenar a quien le guste cazar o rezar. La ideología que, defendiendo los derechos individuales a la vida, seguridad y propiedad, es escéptica tanto de los otros juicios absolutistas como del mismo ser humano y que, por esto último, trata con la misma sospecha a la “opinión pública” y al poder —y que, por cierto, busca limitarlo—. Los Padres Fundadores de EE.UU. lo previeron. Trump será entonces, desde este mismo momento, una gran prueba para su Constitución.

 

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Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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