“La mentalidad anticapitalista”

Señor Director:
En carta de ayer, Guillermo Larraín señala que el Estado benefactor sería una ‘condición habilitante’ del capitalismo. Me parece que es al revés. Suecia, por ejemplo, se enriqueció gracias a políticas liberales aplicadas en la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX, sin Estado de Bienestar. Todavía en 1950, la recaudación de impuestos representaba solo un 21% del PIB. La creación del Estado benefactor en las décadas siguientes llevó a una caída del puesto 4 en PIB per cápita en el mundo al 14. Además, produjo un colapso en los niveles de creación de nuevas empresas y de empleo, así como un aumento de la desigualdad.

Entre suecos emigrantes a Estados Unidos, sin Estado benefactor comparable, el ingreso es un 50% superior a los que permanecen en Suecia, país que recién recuperó parte del progreso perdido gracias a una serie de reformas de mercado implementadas en los 90.

En Alemania, en 1957, Ludwig Erhard, el padre del milagro económico alemán de posguerra, afirmaría lo siguiente sobre la tendencia de la época en Occidente: ‘El resultado de este peligroso camino hacia el Estado del Bienestar debe ser la creciente socialización de los ingresos, la creciente centralización de la planificación y la tutela extensiva del individuo con una dependencia cada vez mayor del Estado junto con el deterioro de una sociedad libre’.

Según Erhard, quien había visto el colapso del Estado benefactor alemán en la década de 1920 y su restauración por parte de los nazis, ‘el Estado de Bienestar, según toda la experiencia existente, significa todo menos bienestar y finalmente debe significar pobreza para todos’. Por razones similares, Ludwig von Mises también se opuso al Estado benefactor. En 1958, explicó que ‘el concepto Estado de Bienestar fue inventado para camuflar y justificar las políticas de intervencionismo estatal y absolutismo en Alemania’, añadiendo que socavaba la libertad y producía corrupción política.

Finalmente, hay que decir que buena parte de los problemas económicos y sociales del mundo occidental se debe a estados benefactores sobreendeudados, incapaces de generar progreso sostenido y que difícilmente subsistirían en su forma actual sin la cuestionable política de dinero fácil de los bancos centrales.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
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