La izquierda chilena quiere más libre mercado

Días atrás asistí al lanzamiento del libro de Alberto Mayol y José Miguel Ahumada titulado Economía Política del Fracaso, la falsa modernización del modelo neoliberal. Su tesis central plantea que en Chile la modernización es un mito sin sustento, pues nuestro país no ha abandonado sus viejas estructuras rentistas. Como no he leído el libro aún, y sería deshonesto hablar de éste, quiero centrarme en lo expuesto por algunos invitados que comentaron el texto que —salvo Klaus Schmidt Hebbel, que hizo una crítica demoledora del mismo— reforzaron en mayor o menor medida la tesis del libro. Es decir, que “el modelo neoliberal” —muñeco de paja que evita todo debate en serio— es una ficción modernizadora, pues Chile no ha caminado al desarrollo. Sólo ha generado crecimiento, bajo un criterio rentista que genera alta desigualdad, con poco adelanto industrial e incluso poca innovación tecnológica.

No está demás decir que ninguno de los que aceptó la tesis del libro rechazó de manera explícita o tajante la idea de modernidad o la búsqueda de la modernidad (como se entienda aquello). Ni siquiera conceptualmente. Tampoco discutieron acerca de qué implicaría ser modernos o no modernos (si es que quieren eso u otra cosa tampoco quedó claro). En su crítica “al modelo” por no modernizarnos, no propusieron un sistema de economía centralmente planificada mediante la estatización de los medios de producción. Ni métodos de industrialización forzosa al estilo de Stalin con sus millones de muertos de por medio. Tampoco nadie propuso un retorno a una economía autárquica de comunismo primitivo a base de frutos y ganadería básica. ¿Falta de honestidad o simple mesura? Queda la duda en todo caso.

Lo interesante es que los panelistas que concordaban con Mayol y Ahumada, al hablar de modernidad, parecían mirar con nostalgia la Industrialización Sustitutiva de Importaciones (ISI) que predominó durante la segunda mitad del siglo XX en Chile, y que fue ícono del pensamiento de la Cepal y su intelectualmente deshonesta teoría de la dependencia. Es decir, al parecer relacionarían la modernidad con el desarrollo industrial. Ello quizás explica que sí hablaran, y mucho, de innovación, competencia y desarrollo tecnológico.

En el fondo, detrás de esas proclamas, pareciera que la izquierda chilena –marxista o no marxista- en sus críticas a la acumulación de capital y al rentismo, sin saberlo y sin tomar conciencia de ello, quiere más libre mercado para Chile. Quieren en el fondo un capitalismo más radical y competitivo, con más propietarios, más industrias, más negocios, mejores sueldos, mucho empleo, con una clase obrera –o propietaria y comercial- fuerte y empoderada. ¿Quizás al estilo Lech Walesa? En una de esas.

Al desear más libre mercado (que es todo lo opuesto al capitalismo rentista y burocrático en cualquiera de sus versiones socialista, comunista o de amiguetes) estarían siendo algo coherentes con el propio Marx, que creía que la clase burguesa industrial cumplía un rol altamente revolucionario. Lo fue y lo sigue siendo sin duda, porque en los países hoy considerados desarrollados y modernos, el rentismo y el mercantilismo absolutista no fueron derrotados por el Estado, ni por burocracias enormes a manos de partidos únicos, sindicatos poderosos o reyes déspotas con aristocracias parasitarias. Por el contrario, quedaron atrás gracias al desarrollo de mercados más libres, abiertos y competitivos, debido a la constante búsqueda de innovación industrial y tecnológica por parte de burgueses sin privilegios, que con el afán de poder competir y ofrecer mejores productos, no sólo elevaron sus propias condiciones de vida sino la de los trabajadores en su conjunto, propiciando con ello no sólo el progreso económico sino que cambios institucionales y políticos de importancia radical. Transformaciones que hoy permiten a esos países decirse modernos, y ser admirados por esa misma izquierda chilena que ansía alcanzar la verdadera modernidad.

Publicado en Chile-B http://bit.ly/1GOuQ3N

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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