La generación Z quiere más Estado

Sabemos que los jóvenes son el futuro de un país, pero estos también son su presente. Es por eso que muchos de ellos se consideran los principales agentes de cambio y de progreso en una sociedad. Esta conciencia de sí mismos es particularmente fuerte en la denominada “generación Z”, una generación con una gran personalidad y self-awareness, con mucho que decir y con una opinión fuerte en los distintos temas que afectan a —y a los que se ve enfrentada— una sociedad (Unicef, 2020). Por lo mismo, es muy relevante conocer sus preocupaciones y sus perspectivas sobre los distintos temas, ya que eso nos permite comprender sus actitudes y creencias actuales.

A lo largo de los años, y sobre todo después del 2011 en Chile, los jóvenes se han ido tomando cada vez más espacios relevantes dentro de la esfera pública. La 13° Encuesta sobre participación, jóvenes y consumo de medios, de la Universidad Diego Portales y Feedback Research (disponible aquí), muestra que la participación de los jóvenes en manifestaciones en la vía pública ha alcanzado un 33% de los encuestados en 2021 —con un peak de 61% en el 2019—, cuando en 2018 esta cifra era de 24% y de solo un 15% en 2009. Asimismo, un 56% de los jóvenes consultados declararon expresar sus opiniones a través de redes sociales, mientras que en el 2018 esta cifra era de un 44% y en el 2011 de tan solo un 24%. Claramente esto muestra un cambio de tendencia: en menos de una década los jóvenes pasaron de estar en sus casas a tomarse la esfera pública a punta de manifestaciones en la vía pública, siendo este mecanismo la principal fuente de expresión.

“La generación Z parece estar olvidando el poder y la importancia de la sociedad civil para afrontar estas nuevas preocupaciones de manera descentralizada. En cambio, parecen no valorar la iniciativa privada o las soluciones de responsabilidad individual para abordar dichos temas. Por un lado, esto puede deberse a que la narrativa hegemónica de la izquierda menos amiga de las soluciones privadas está funcionando”

El resultado relevante de la encuesta, sin dudas, es que los jóvenes creen que la mayoría de las cosas en el país deben cambiar, pero se necesita tiempo para que sea un proceso estable y ordenado. De esta forma, los jóvenes creen que entre los principales problemas que más les afectan a los chilenos hoy en día se encuentran la desigualdad económica y social, la salud, la educación, la delincuencia y la corrupción. La Encuesta Bicentenario de la Pontificia Universidad Católica de Chile (disponible aquí) reafirma estos resultados a nivel agregado, en particular, el 86% de los encuestados considera que lo más urgente es la igualdad de condiciones para conseguir condiciones de vida digna para todos.

Junto a lo anterior, también los temas de medioambiente, feminismo y veganismo parecen tomar cada vez mayor importancia en la juventud actual. El proceso de modernización y progreso que experimentó el país durante los últimos 30 años, el cual redujo la pobreza de 34 a 8,6% y aumentó el ingreso per cápita de 4.500 a 25.000 USD (en PPA), ha permitido que temas que antes no eran preocupaciones para los jóvenes —pues se encontraban tratando de salir de su situación de pobreza—, y que poco influían en la adopción de políticas públicas del país, ahora sí lo sean. A su vez, la mayor participación de los jóvenes en manifestaciones y la mayor expresión de sus opiniones a través de redes sociales han provocado que estos temas tomen mayor preponderancia en la discusión pública. Hoy, por ejemplo, se habla de la adopción de políticas públicas que aborden temas transversales como la protección del medioambiente y el abuso contra las mujeres. Ahora hasta al Banco Central se le quiere pedir consideraciones de género y de conservación medioambiental. En un estudio de la Universidad Adolfo Ibáñez sobre los intereses que tienen los jóvenes (disponible aquí), el abuso contra las mujeres se posiciona en segundo lugar con un 60% de interés (el primer lugar corresponde a la desigualdad social con un 69% de interés).

En términos generales, las diversas encuestas parecen evidenciar una tendencia dominante hacia una mayor regulación por parte del Estado o mayores prohibiciones a los ciudadanos sobre estos temas. La Encuesta de las Naciones Unidas sobre Juventudes de América Latina y el Caribe (disponible aquí), por ejemplo, y respecto a temas de medioambiente, muestra que el 73% de los jóvenes encuestados creen que sus gobiernos deberían tomar medidas importantes para combatir el cambio climático. Un claro reflejo de esto es la activista Greta Thunberg, donde la mayoría de sus intervenciones y exigencias van en la línea de que los políticos deben adoptar medidas drásticas a nivel gubernamental y sacrificar el crecimiento económico. Junto a lo anterior, en países de menores ingresos se observa una actitud mucho más favorable de parte de los jóvenes por las medidas gubernamentales tomadas para afrontar el cambio climático. Lo anterior también se extiende a otros temas.

De esta forma, la generación Z parece estar olvidando el poder y la importancia de la sociedad civil para afrontar estas nuevas preocupaciones de manera descentralizada (Ostrom, 20122014). En cambio, parecen no valorar la iniciativa privada o las soluciones de responsabilidad individual para abordar dichos temas. Por un lado, esto puede deberse a que la narrativa hegemónica de la izquierda menos amiga de las soluciones privadas está funcionando (ver aquí): primero, toman estas preocupaciones como banderas de lucha y las presentan como propias dándoles un relato; luego, exhiben una solución estatizante proponiendo mayor intervención y regulación estatal; finalmente, hacen creer que no existe otra forma alternativa de abordarlas más que la que ellos presentan. Y, por otro lado, gran parte de la culpa recae en la propia centroderecha, pues no ha sido capaz de contrarrestar esta narrativa hegemónica, ni siquiera pareciera presentarles alternativas culturales y viables a los jóvenes para enfrentar dichas problemáticas y preocupaciones desde sus convicciones. Es más, muy posiblemente la mayoría de los jóvenes que no participan en la política partidaria creen que a la centroderecha no le interesan estos temas y que no tiene propuestas para abordarlos. Así, lo primero que visualizan los jóvenes como medidas para afrontar estas nuevas preocupaciones es la intervención estatal que le presenta la izquierda. Se requiere de una idea y de una propuesta para ganarle a otra idea u otra propuesta, y al parecer la derecha en Chile no ha sido capaz de construir ni siquiera aquello.

En definitiva, en base a que las preocupaciones de las nuevas generaciones han ido cambiando y con ello han surgido nuevas problemáticas que abordar, el momento es propicio para comenzar a actuar al respecto y crear proyectos políticos en torno a dichas causas. Es necesario demostrar que estos nuevos temas no son exclusivos de la izquierda, sino que el liberalismo y la centroderecha también tienen estas banderas de lucha, y para ello, se debe presentar un relato que le dé sustento a esas causas y que logre fascinar y convencer a las juventudes de que es la visión adecuada. A su vez, dicho relato debe ir acompañado de propuestas novedosas que permitan abordar las problemáticas del cuidado del medioambiente, el cambio climático, el feminismo, etc. Finalmente, también es esencial explicar por qué esas propuestas son mejores que las presentadas por la contraparte. Solo de esta forma podremos llevar las ideas de la libertad, el progreso y la responsabilidad individual a las presentes y futuras generaciones.

Por Pablo Paniagua, investigador senior FPP, y Nicolás Durán, investigador FPP.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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