La generación de la queja

Hoy se difunde por las redes mensajes del tenor de “somos la generación que -inserte alguna supuesta virtud- por eso no tenemos miedo”. Una generación que se ve al espejo y se considera a sí misma como virtuosa persé ¿existirá algo más soberbio en nuestros días? Es bueno recordarle a esta generación, un par de cuestiones. Nacieron y vivieron en un Chile que ya había abrazado la democracia. La dictadura había quedado atrás y el país comenzaba a mostrar luces de bienaventuranza. El modelo de desarrollo comenzaba a ofrecer sus logros, conjuntamente, a la consolidación democrática. Ello nos llevó a exhibir estos estándares: se redujo la pobreza del 44% al 8% según la encuesta Casen 2017, logró una cobertura de educación secundaria de 80,1% siendo líder regional y ostentar a más de 1.250.000 estudiantes en educación superior, el aumento en la esperanza de vida a 80 años promedio, redujo la desigualdad en base al Gini de 0.57 en 1989 a 0.46, el índice de desarrollo humano (IDH) de 0.843 en calidad de muy alto y que mide variables como la mortalidad infantil, tasa de alfabetización, entre otros.
“Debemos comprender que estos últimos 30 años han sido de un progreso sin precedentes en la historia de Chile, en las más diversas variables”.
Debemos comprender que estos últimos 30 años han sido de un progreso sin precedentes en la historia de Chile, en las más diversas variables. La cuna de esta generación fue el progreso alcanzado por Chile. No batallaron contra la dictadura por recuperar la democracia, ni se arremangaron para con sangre, sudor y lágrimas, alcanzar una mejor calidad de vida al alero de un país que a punta de esfuerzo crecía como nunca antes. Todo eso conformó la cuna de esta generación, todo estaba allí para recibirlos. Esta generación, en cambio, se ha caracterizado por la queja y la violencia. Han institucionalizado los paros en las universidades –casi asumiéndose como parte del año académico- prefiere las redes sociales al interactuar en sociedad o al deporte (basta ver las altas tasas de obesidad infato-juvenil). Esta es la generación que concentra a la módica suma de 528.000 jóvenes que no estudian ni trabajan según Actitud Lab. Los famosos “ninis”. Jóvenes de entre 15-29 años que no están haciendo prácticamente nada ni por ellos, ni por sus familias, ni por el país. ¿Habría sido posible este fenómeno en un país pobre? Absolutamente no, sería imposible mantener a tanto joven frustrado que esparce su verdad por redes sociales y que supuestamente nadie lo entiende, por favor, sean serios alguna vez. ¿Es Chile un país rico entonces? Claro que no, pero está lejos de ser un país sumido en la pobreza como muchas veces se quiere ver. Un país quemado, saqueado y destruido, en gran parte por la generación de la queja, es algo que no podemos seguir permitiendo. Se tiene que acabar el beneplácito de los padres a estos hijos que solo le causan perjuicios a Chile y ponerle fin a la beatería juvenil como diría Carlos Peña. Asuman sus errores y colaboren con levantar un Chile desolado y desesperanzado, solo así realmente podrán contar a las generaciones siguientes su “legado”.

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