La ETA, Meghan y el terrorismo

Oscar Wilde decía que un fanático es quien no cambia de opinión, pero tampoco de tema. Por eso decidí escribir de mi semana viendo tele. Seguí el consejo de un viejo historiador que sugería mirar la actualidad tomando perspectiva. Haciéndonos la pregunta, ¿cómo analizaremos estos hechos en 50 años más cuando se miren retrospectivamente?

Primero vi Patria, la serie de HBO basada en el libro homónimo. La primera línea o los terroristas de la Araucanía debieran verla para que vean cómo los jóvenes revolucionarios admirados y temidos por igual, devienen en prisión en unos decrépitos y olvidados asesinos. Los años tratan mal a la ETA. Era entendible su lucha en contra del franquismo que trató de suprimir el nacionalismo vasco, cuando todavía se ignoraba el fracaso del marxismo en Europa del Este. Pero resulta incomprensible esa lucha violenta por un país vasco marxista en contra de la España socialista de Felipe González; que desarrolla España, la integra a Europa y concede autonomías regionales.

Hay que ver Patria porque permite contrastar el socialismo moderno, democrático y cosmopolita con el izquierdismo marxista y violento. El primero construye democracia y desarrolla países, el otro destruye vida, familia y naciones.

Enseguida vi la saga derivada de la entrevista de Oprah Winfrey a los duques de Sussex. Meghan fracasó en emular a Lady Di. Uno simpatizaba con Lady Di que se casó adolescente sin reparar que lo suyo no era un cuento de hadas; que las obligaciones de Estado no son compensadas por los privilegios de la realeza; que su marido no era un príncipe encantado sino un hombre de carne y hueso y que su suegra dedicaba más tiempo a ser reina y gobernar que a consolar a su nuera y regalonear a la familia.

Meghan, en cambio, se casa -ya algo mayorcita y divorciada- con el príncipe Harry (Enrique) 3 años menor y no demasiado criterioso (como para disfrazarse de Nazi). Las declaraciones de Harry evocan la advertencia de Shakespeare en el rey Lear: ‘más filudo que los dientes de una serpiente es un niño malagradecido’. Confieso que la pareja representa lo que me molesta de la farándula millenial. Esa combinación de narcisismo e hipocresía. Cuesta simpatizar con un par de millonarios que reniega de sus deberes y reclama que los contribuyentes no le pagan su seguridad; que alegan contra la prensadando una entrevista a Oprah y que dicen buscar privacidad, ¡y se mudan a Hollywood! Sabrá Meghan que por mucho menos el último Enrique decapitó 3 esposas. Lo mejor, el comunicado de palacio. Nos recuerda la definición de diplomacia: ‘It is the art to tell a person to go to hell in such a way he looks forward to the trip’.

“LA HISTORIA MUESTRA QUE CHILE PROGRESA CUANDO EL SOCIALISMO SE CENTRA Y RETROCEDE CUANDO SE RADICALIZA”

Vi también la remoción de Baquedano y la franja electoral. En 50 años veremos con nostalgia el fin de una era única de progreso material y mejora democrática. Apreciaremos que la nueva Constitución nace de la violencia callejera; pero el conflicto de verdad, es nuestra eterna rivalidad entre el Congreso y el presidente, cuya causa subyacente -esta vez- es el conflicto no resuelto entre el socialismo democrático y el otro. La historia muestra que Chile progresa cuando el socialismo se centra y retrocede cuando se radicaliza.

Además, seguí por tv el terrorismo en la Araucanía. Se verá igual que la ETA; equivocada en su diagnóstico, errada en sus objetivos y extraviada en sus medios. Los jóvenes aspirantes a Lautaro, entusiasmados con la violencia no terminarán como mártires de una gesta épica, sino que, como presos lastimeros (como José Mari en Patria o Hernández Norambuena en Chile), que en público reivindicarán sus crímenes y en privado se arrepentirán y lamentarán su destino.

Patria nos muestra una historia de verdad con víctimas de verdad; Oprah una historia inventada con víctimas de mentira y la Araucanía una historia en desarrollo con víctimas inocentes. Todas tienen en común, la tensión generacional, esa dicotomía entre el realismo de los adultos y la inmadurez de los jóvenes. Patria es una historia de violencia política que divide familias, vecinos y amigos pero que termina con un mensaje de redención, perdón y reconciliación. Esto lo logra la heroína, que no en vano se llama Bittori (Victoria), que vence a punta de resiliencia, diálogo y amor.

Ojalá aprendamos.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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