La derecha y el emprendimiento intelectual

Bastante lo que se ha escrito acerca de lo desastroso que ha sido para la élite en general, y para la derecha chilena en particular, haber olvidado —o incluso peor, haber explícitamente despreciado— la importancia de las ideas y la cultura. Esto antes no era así. Basta comparar la estética y relación con el entorno de las casas y las empresas inmobiliarias de la primera mitad de siglo XX con las actuales para notarlo. Y advertir, como bien señaló un columnista, que “el muro (de ideas) de Chicago se ha derrumbado”. El muro estaba construido por ideas y, sin embargo, se les olvidó.
 
Quizás sea importante recordar por enésima vez que fue un filósofo y profesor universitario —un hombre de ideas— quien profundizó la revolución liberal. Tal como quien convence a un personaje de acérrima cultura colectivista de que el liberalismo es la luz, Adam Smith convenció a un proteccionista de que el mercantilismo —en contra de las ideas imperantes— era la perdición. Si bien existen corrientes que señalan que Gran Bretaña se abrió al comercio luego de la independencia de sus colonias norteamericanas porque no habría tenido otra opción, o porque la experiencia comerciando con un Estados Unidos libre la beneficiaba, es difícil negar la influencia de Smith en los parlamentarios británicos mucho antes de la independencia de EE.UU. Especialmente interesante fue su relación con el representante de la Cámara de los Lores y posterior Primer Ministro, el conde de Shelburne, a quien asediaba durante largos viajes y frecuentes visitas a su casa para explicar y compartir ideas, reflexiones e incluso manuscritos de lo que luego sería su libro “La riqueza de las naciones”. A pesar de, en un inicio, haber considerado al libre comercio como “una de las ridiculeces más grandes de la existencia”, Shelburne, ya convertido al liberalismo por la influencia de Smith —como él mismo señala—, lideró el inicio de la apertura comercial mundial.
 
Un “emprendimiento intelectual” (quizás este término, aunque algo patético, pueda servir para llamar la atención) similar y mediante el cual hoy en día, en base a las despreciadas ideas, se podría convertir a un liberal en un igualitarista, o a un colectivista en un liberal. Intelectuales y artistas han abundado y la derecha chilena ha olvidado constantemente su importancia.
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Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad de los autores y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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