La caída del jaguar

Si insistimos en portarnos mal y competidores que creíamos fuera de juego, como la ex Argentina de los Kirchner, empiezan a portarse bien, estaremos en serios problemas.

EL JOVEN levantó la mano y dijo: “Profesor, no se preocupe. Chile igue siendo el mejor país de América Latina. Los inversionistas van a seguir viniendo. No tienen opción”. Fue hace un par de años, en la sala de clases de una prestigiosa universidad privada, reconocida por su escuela de negocios. Discutíamos sobre impuestos, reformas, satisfacción de demandas sociales y los eventuales efectos en la economía e instituciones. También sobre la “marca país” y el prestigio como valiosísimas posesiones intangibles. Explicaba a los alumnos que los inversionistas, antes de apostar, “vitrinean”, como coloquialmente definimos el arte de mirar vitrinas y escaparates de locales comerciales.

Nosotros “vitrineamos” en busca de los mejores precios y propuestas de valor para adquirir bienes y servicios corrientes. Los inversionistas, a escala de billones de dólares y con mucha más sofisticación, lo hacen en busca de oportunidades y promesas de rentabilidad para sus negocios. Antes de elegir dónde poner sus billetes, estudian los países candidatos al detalle: estabilidad, instituciones, políticas tributarias y laborales, infraestructura, proyecciones, riesgo, transparencia… en fin, mil cosas más o menos resumidas en la misma evaluación de competitividad que muestra, por quinto año consecutivo, a Chile rodando por la pendiente.

Se ha publicado el Ranking de Competitividad Mundial 2016, del Institute for Management Development de Suiza (IMD). Nuestro país cae del puesto 35, en 2015, al 36. Continúa, como decía mi alumno, siendo “el mejor país de América Latina” -se mantiene como líder de la región-, pero con su peor desempeño desde que ingresó a la medición en el año 2000. De los aspectos evaluados, destacan, por ejemplo, el perturbador debilitamiento de la economía doméstica (perdió siete puestos desde 2015) y el empeoramiento de las finanzas públicas y la productividad, con sus respectivas consecuencias para la eficiencia del gobierno y los negocios. No conformes con esto, perdimos puntos en infraestructura tecnológica, justo cuando un tsunami de desafíos en esa materia ya se anuncia en la costa.

Resumo el registro desde 2012 hasta 2016, año por año: 28, 30, 31, 35 y 36. Y debo recordar que en el estudio de competitividad global del World Economic Forum no nos está yendo mucho mejor: caímos también, del puesto 33 al 35, con síntomas inquietantes en cuanto a instituciones, eficiencia del mercado laboral, innovación y otros factores.

Veámoslo así: si insistimos en portarnos mal y competidores que considerábamos fuera de juego, como la ex Argentina de los Kirchner, empiezan a portarse bien, estaremos en serios aprietos. Ya no somos el “jaguar sudamericano”, si es que alguna vez lo fuimos. De hecho, la marca “Chile” se devalúa y con ello nuestras expectativas. Es hora de pensar las cosas con mucha madurez y actuar a la altura, tanto en los despachos de La Moneda como en los empresariales, sindicales y otros. No se puede tratar de tirar políticamente por la borda a nadie. Todos nos hundiremos si al país le va mal. Y no hay buque que resista un choque contra el iceberg de la irresponsabilidad y la falta de miras estratégicas. Se están moviendo las cosas en América Latina y la posición chilena podría cambiar drásticamente, si es que aún no nos hemos enterado.

¿Qué ha pasado? El país muestra desde hace un tiempo una caída sistemática y alarmante en los rankings de competitividad globales.
 
¿Cuál es la razón? Se impulsa un conjunto de reformas que tienen un efecto negativo en la “marca” Chile de cara a mercados exteriores.
 
¿Cómo responder? Es imprescindible que todos los actores relevantes que toman las decisiones reaccionen y adopten políticas distintas.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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