La antipolítica de los Rodrigos

Los últimos días hemos visto un revuelo en la política nacional como resultado de la deshonestidad e irresponsabilidad de algunos “líderes” electos. Desde el accidente provocado por un Concejal en estado de ebriedad, hasta la mentira de un Convencional Constituyente respecto a su enfermedad, es que como ciudadanos nos preguntamos: ¿Es esta la nueva política que queremos para Chile? Claramente no.

Estos hechos sucedidos en el ámbito público solo contribuyen a seguir deslegitimando un sistema político que ya se encontraba en crisis y, a su vez, terminan por erosionar los intentos de reconstruir y fortalecer las instituciones.about:blank

Chile vive un delicado proceso de cambios políticos que exigen mesura, sensatez y honestidad de parte de sus representantes. Las demandas de la ciudadanía en distintas materias solo se podrán encausar en la medida que sus protagonistas sean capaces de asumir ciertas actitudes políticas que no pongan en riesgo la credibilidad institucional y la estabilidad del sistema democrático. La política es un arte de manejar los asuntos públicos y comunes y, debido a esto, quienes asuman liderazgos, deben estar a la altura.   

“La ciudadanía demanda cambios urgentes para reivindicar la política, donde la honestidad y responsabilidad sean elementos neurálgicos para nuestra convivencia cívica”

Lo ocurrido escapa de los hechos puntuales de los Rodrigos. Debemos reflexionar más allá de este síntoma el cual refleja la descomposición política que cada vez más toma relevancia en el debate público y que es transversal a toda la clase política sin importar ideologías, como tampoco el cargo asociado. Tomar conciencia de esta crisis es clave, sobre todo por el proceso constitucional que se vive, pues hemos visto confrontaciones y falta de liderazgo interno que entorpecen el proceso. La Convención Constitucional debiese ser un espacio de encuentro de diversas ideas y organizaciones que intenten deliberar el orden político e institucional que regirá el futuro de nuestro país en un marco de tolerancia y respeto.

Si este órgano tan importante no es capaz de dirigirse de manera ordenada, entonces, ¿cuál será el destino de Chile? cabría preguntarse. Si no nos encausamos por buen camino, la actitud de estos Rodrigos se multiplicará.

La ciudadanía demanda cambios urgentes para reivindicar la política, donde la honestidad y responsabilidad sean elementos neurálgicos para nuestra convivencia cívica. Es necesario entender que la política tradicional y la “nueva política” convergen en un mismo objetivo, que es el de llegar a acuerdos que tengan sentido para el Chile de hoy, y que las personas que encabecen estos cambios sean líderes que promuevan la transparencia, probidad, responsabilidad y otras tantas cualidades o, de lo contrario, podrían avecinarse crisis institucionales que pondrán en jaque a nuestro país.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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