La Alemania Oriental que conoció la Presidenta

¿Tiene influencia la extinta RDA en el ideario y estilo de Michelle Bachelet? Algunos sostienen que el secretismo, es decir, la tendencia de la Mandataria a ser reservada y operar en círculos herméticos, se debe a su vida clandestina bajo la dictadura de Pinochet; otros, que se debe a su vida bajo la dictadura de Honecker en la República Democrática Alemana.

Tal vez lo relativo a la influencia de la RDA se puede responder solo en términos aproximados, describiendo la RDA que Bachelet conoció y nunca ha criticado. Ella cruzó el Muro hace 40 años, y vivió allá en la segunda mitad de la década del setenta, entre los 24 y 28 años, un período breve quizás para conocer la mentalidad profunda de los cautos alemanes orientales, pero decisivo en la formación de un político. Residió en Potsdam, Leipzig y Berlín, trabajó para su partido, se casó, tuvo un hijo e hizo cursos de medicina. En entrevistas, califica de “muy felices” sus días en la RDA, y celebra sus prestaciones sociales, pero elude referirse al sistema de partido único o a la “franja de la muerte”, donde fueron acribilladas más de 200 personas y miles pagaron con cárcel el intento de cruzarla.

Honecker rara vez improvisaba y, cuando lo hacía, se mostraba jovial y dicharachero, soltaba dos o tres frases de carácter jocoso y no aceptaba preguntas.

Supongo que algunos aspectos particulares de la RDA de entonces deben haber dejado -como en muchos otros chilenos- su impronta también en la Presidenta y tal vez hasta se transparentan en su programa de gobierno.

Veámoslos.

PRIMERO: EL SECRETISMO ERA EFECTIVAMENTE INHERENTE a los gobiernos comunistas, y esto se debe a su origen y práctica. A su origen, porque los regímenes de Europa Oriental fueron instalados después de la Segunda Guerra Mundial por Stalin, quien entronizó a sus camaradas de confianza. Sin elecciones, el secretismo fue clave para instaurar esas dictaduras. Lo fue también en la práctica cotidiana: en ningún país comunista hubo elecciones libres porque el partido gobernante las habría perdido. Este consultaba los acuerdos sobre la gran política con el Kremlin, los refrendaba luego en el Buró Político local, que no superaba 15 miembros, y después los anunciaba al país. No trascendían debates a la población, de modo que a esta los cambios y purgas la tomaban siempre por sorpresa.

SEGUNDO: ERICH HONECKER ASUME EL PODER en septiembre de 1971 con el apoyo soviético, tras desplazar a Walter Ulbricht, que gobernaba la RDA desde su fundación, en 1949. Lo despoja del poder levantando un programa económico-social pro consumo individual. Ulbricht había priorizado la construcción de la industria pesada, y Honecker irrumpe anunciando que llegó la hora de distribuir a la población los frutos del socialismo.

Su Plan quinquenal 1971-1975 se propone por ello un ambicioso programa de construcción de viviendas, de bonos para matrimonios jóvenes, bonos por hijos, bonos para las madres que trabajan, así como el incremento de artículos de consumo. El programa logra impactar y coloca a la RDA a la cabeza del mundo comunista en calidad de vida.

Se trata de medidas significativas: a las madres con 2 o 3 hijos les reduce la jornada laboral semanal de 44 a 40 horas con salario pleno, les entrega un bono de M 500 (equivalente al salario de un obrero) por el primer hijo, y de M 1.000 por el segundo. Otorga además créditos sin intereses a matrimonios jóvenes, y construye jardines infantiles y salas cuna. Todo esto lo financia Honecker contrayendo deudas en Occidente, las que confiaba poder pagar con exportaciones.

TERCERO: EN ALEMANIA ORIENTAL ESTABA DESPENALIZADO EL ABORTO . Bastaba con que la mujer expresara su voluntad de abortar para que el Estado actuara en forma gratuita. Además el Estado distribuía gratis la píldora anticonceptiva a las mujeres en edad reproductiva. El derecho al aborto, la píldora anticonceptiva, la educación atea y el sexo como uno de los escasos espacios de libertad, crearon condiciones particulares en la RDA, la que procuraba por otro lado elevar la tasa de natalidad para contrarrestar las fugas a Occidente.

Bachelet se marcha con un sentimiento de gratitud y el recuerdo de las prestaciones recibidas como estudiante, madre y cónyuge joven. Detrás del Muro palpita una época dorada del comunismo, pareciera que el sistema despega.

CUARTO: EN LOS AÑOS 70 , Honecker es el líder indiscutido de la RDA. La población lo conoce a través de la prensa, y responde sus entrevistas por escrito, evitando dejar en evidencia su feble oratoria. Honecker fue maestro techador, no cursó educación superior ni era conocido por algún grado de sofisticación intelectual. Los medios lo presentaban visitando fábricas, inaugurando escuelas o instalaciones deportivas, premiando a obreros, y su lugar de residencia era secreto: la ciudadela amurallada del Buró Político, en el lago Wandlitz.

En la televisión solía aparecer leyendo con voz aguda discursos de los cuales no se apartaba un ápice. Rara vez improvisaba y, cuando lo hacía, se mostraba jovial y dicharachero, soltaba dos o tres frases de carácter jocoso y no aceptaba preguntas.

QUINTO: BACHELET HALLA UN SOCIALISMO CON APARIENCIA PLURIPARTIDISTA. En la RDA había un partido gobernante, establecido como tal en la Constitución, el Partido Socialista Unificado (comunista); y cuatro tiendas aliadas con él a perpetuidad: Partido Democrático de los Campesinos, Unión Cristiano Demócrata, Partido Liberal Democrático y Partido Nacional Democrático. Fueron fundados entre 1946 y 1949, y no se permitió crear más.

Este pluripartidismo tenía un rasgo kafkiano: ningún partido podía aspirar al poder que monopolizaba el partido comunista. Eran tiendas aliadas del PC pero que reconocían su autoridad como “la fuerza rectora de la sociedad”. Lo notable era que cada partido disponía de una cantidad fija de escaños en la Cámara Popular, invariable desde 1949, que garantizaba la mayoría absoluta al PC. Por ello, las elecciones carecían de significado.

En ese contexto, jamás se veía a Honecker participando en debate político alguno, y solo aparecía entre dirigentes o trabajadores distinguidos, o leyendo las medidas adoptadas en el Buró Político, previamente visadas por el Kremlin, lo que tampoco se transparentaba. Se creaba así el terreno ideal para el secretismo como estilo de gobierno. La transparencia habría revelado cómo funcionaba el poder y los déficits de Honecker como líder y orador.

SEXTO: LA ECONOMÍA DE LA RDA era estatal, pero aún subsistían pymes privadas a las que se les aplicaban elevados tributos para impedir que sus propietarios obtuvieran ingresos muy superiores a los empleados del Estado. Aunque resultaban esenciales para complementar el escuálido servicio que suministraban los almacenes, restaurantes o talleres estatales, se toleraban esas pymes con el objetivo de estatizarlas en una etapa posterior del socialismo.

SÉPTIMO: LA RDA QUE BACHELET CONOCIÓ fue la del esplendor posibilitado por el programa de Honecker, quien se empeñó en neutralizar la fuga de sus compatriotas incrementando el consumo y las prestaciones sociales.

Bachelet no conoció sin embargo los efectos posteriores de esa política, que comenzaron a manifestarse a comienzos de los 80: como las exportaciones no lograron conquistar mercados occidentales, y el aumento del precio del petróleo perjudicó a la RDA, las prestaciones de Honecker, así como su programa de vivienda e importación de bienes de consumo, pilares del programa con que justificó su ascenso al poder, liquidaron su cálculo de presupuesto. La deuda con Occidente pasó en esos años de DM 2.000 millones a DM 49.000 millones, según datos oficiales actuales. ¡Impagable!

A comienzos de los ochenta era un secreto a voces entre tecnócratas de la RDA que los ingresos por exportaciones no permitirían cubrir ni los intereses de la deuda. El naufragio económico de la RDA, agravado por la falta de libertades y la represión de la Stasi, era cosa de tiempo. La RDA se hunde cantando loas a los bonos, las subvenciones y prestaciones sociales que el Estado era incapaz de financiar.

Bachelet deja la RDA tres años antes de que la crisis comience y once antes de que ese Estado se desplome. Se marcha con un sentimiento de gratitud y el recuerdo de las prestaciones recibidas como estudiante, madre y cónyuge joven. Detrás del Muro palpita una época dorada del comunismo, reina cierto optimismo, pareciera que el sistema despega, y la disidencia es reprimida y encarcelada, y se perfecciona el Muro, pero el PC y la Stasi tienen el poder sólidamente en sus manos, y gobierna un hombre que sonríe desde los afiches oficiales como gran benefactor y persona acogedora, pero que en la realidad es distante y prefiere actuar tras las bambalinas. Pronto los germano-orientales, hartos de la ineficiente economía estatal y la falta de libertad y democracia, se lanzarán masivamente a la calle. Corre 1989. El sistema que debía sustituir al capitalismo, imponer la igualdad social y traer prosperidad se desploma en una noche ante el rechazo del pueblo.

Pero Bachelet ya está lejos, en Chile, donde pronto expirará otra dictadura.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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