Instituto Nacional

Duele ver la decadencia del Instituto Nacional. Fueron años de abandono por parte de su sostenedor (la I. M. de Santiago), a lo que debemos sumar un rectorado mediocre y un profesorado que no hacía más que bailarle el agua a un grupo de imberbes que, por medio de destrozos y vandalismo, clamaban indirectamente por disciplina -sin la cual está perdida la clase media- y orientación no brindada por adultos cobardes que solo se limitaron a adularlos. No entendieron que el alma del Instituto Nacional no está el coloso de Arturo Prat 33, así como tampoco en los 19 presidentes que pasaron por sus aulas. El alma de este colegio se encuentra en el rigor que profesores, funcionarios y apoderados son capaces de imprimir en el carácter de niños de 12 años. El día en que los niños, jóvenes y adultos que forman parte de este colegio vuelvan a comprender que el lema institutano dice “labor omnia vincit” y no “ingnis omnia vincit”, ese día renacerá esta noble institución y será un gran día para Chile.

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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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