Ideas (i)rresponsables

Las viejas verdades se olvidan, especialmente si no se inoculan en el lenguaje de las nuevas generaciones, insistía un viejo austríaco de la posguerra. Fernando Atria lo tuvo claro y evaporó estas verdades esparciendo mitos en matinales y universidades. Otros, en cambio, hacen de bisagras, y especialmente en la élite. Andrea Repetto, Jorge Correa o Rodrigo Vergara, por ejemplo, empujan las ideas que caminan inestables por cornisas.

Por eso, cuando José de Gregorio —extriministro DC— se pronunció a favor de utilizar el 10% de los ahorros en Tele13Radio y, luego, en Canal 13, apareció una ola de titulares anunciando el notición. Su idea —un autopréstamo— no importaba, lo crucial era que el expresidente del Banco Central había abierto la puerta. Eso, sumado a la idea de Joseph Ramos, cambió el clima de opinión: diferentes y sensatos analistas políticos se abrían a este proyecto demagógico. Parecía haber entonces ‘algo cuerdo en esta esta idea’. Es muy lamentable lo que pasó, dijo De Gregorio después. Bueno, harto tarde. Su afán político-buenista había llegado lejos, lo que era esperable dado el caos político y cultural en el que estamos.

Defendía su idea porque está «totalmente autorizada en Estados Unidos con planes voluntarios». Extravagante eso de importar ideas para ahorrantes esquiadores de Aspen pensando en chilenos, y más aún en pandemia. Parecido a lo que ha dicho para autorizar al Banco Central comprar bonos de Hacienda: «Esto se hace en países desarrollados, es muy normal». Ese proyecto está con resguardos, pero De Gregorio llegó a negar la necesidad de reglas. Hay que confiar en las personas, dijo. Y, olímpicamente, dijo en radio Duna que era ridículo preocuparse qué harían otros banqueros en el futuro (literal). Argumentó además que era muy difícil que el banco se coludiera con entidades financieras, pero, en realidad, solo necesitaría coludirse con el Gobierno. Y dijo, entre medio, que existía una perfecta sustitución entre los bonos de Hacienda y los del Central.

La verdad, esto último es correcto solo hoy, y no tiene por qué serlo mañana. Y menos si el ministro Briones —o algún ministro de ese futuro inimaginable— empieza a tomar mate o bautiza a un hijo como Facundo. Dada esa alta sustitución (mayor a menor riesgo, de hecho), quizás entonces sea mejor reordenar el balance del Banco Central y volver a emitir bonos largos, que es lo que escasea —el problema original—. Los balances de los bancos centrales, además, tienen mucha flexibilidad.

Recuerdo cómo se celebraba hace diez años la emisión de bonos internacionales por el Gobierno, que reordenaba algo su balance. Iba a servir, especialmente para quienes trabajábamos con bonos nacionales y extranjeros, para ver precios y expectativas en otros instrumentos. La gran preocupación en esa época era lograr ‘internacionalizar’ el peso chileno. Otros tiempos.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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