Hugo Gutiérrez: de manual

Una autoridad democrática sabe que todo el poder que ejerce se lo debe a las normas, por lo tanto, su compromiso con la legalidad debe ser incluso mayor que el del ciudadano común. Solo un tirano puede pensar que su poder se encuentra por sobre las leyes y tiránico fue el actuar del diputado del Partido Comunista, Hugo Gutiérrez, al negarse a ser fiscalizado por la policía marítima en Iquique.

Esta actitud arrogante, en realidad, no debería sorprendernos. Lo hecho por Hugo Gutiérrez y lo dicho con posterioridad es una actitud típica de un militante del PC chileno, como si su actuar lo hubiera sacado de un manual de praxis comunista.

A lo largo de todo el video vemos a Hugo Gutiérrez mostrando su credencial de diputado cuando no corresponde y apelando al fuero parlamentario cuando no aplica. Esto evidencia que ley le importa poco y nada, solo quiere evadir el control policial con tinterilladas y amenazas encubiertas. Esta actitud está en perfecta consonancia con la frase dicha hace décadas por un jurista soviético: «el comunismo no significa la victoria de la ley socialista, sino la victoria del socialismo sobre la ley».

Esto evidencia que ley le importa poco y nada, solo quiere evadir el control policial con tinterilladas y amenazas encubiertas.

Si la ley importa poco, los hechos importan menos todavía para un comunista. Esto explica que sus compañeros de partido sigan negando lo sucedido a pesar de que la grabación evidencia con nitidez el abuso de Hugo Gutiérrez. Para un comunista, la lógica en la política es un arte secundario, porque antes de explicar la realidad lo importante es transformarla. De hecho, para los que siguen esta tendencia política lo fundamental está en el poder y ante esto cabe preguntarse: ¿quién tiene más poder, el que asume las consecuencias de sus actos o el que niega la realidad y se sale con la suya? Para un comunista la respuesta es obvia —la segunda opción— y esto permite explicar por qué Gutiérrez y compañía siguen perseverando en la mentira.

La huida hacia delante de Gutiérrez terminó con un sello que al interior del comunismo debería tener “denominación de origen”: la victimización. Según Gutiérrez todo era un complot orquestado en su contra por su voluntad de democratizar las Fuerzas Armadas. Aunque por mera gimnasia mental le diéramos algo de credibilidad al delirante relato de Gutiérrez, debo decir que la actitud altanera y contraria al derecho del diputado fue pieza clave para que la conjura haya sido todo un éxito. Si hubiera estado a la altura de su investidura —comportándose como un ciudadano decente— esta “operación” habría sido un completo fracaso.

El desprecio al imperio de la ley y a la evidencia de los hechos explican el rotundo fracaso del comunismo a la hora de llegar al poder. Tarde o temprano la utopía comunista se estrella contra esa realidad que tanto menospreciaron y que de forma tan estéril intentaron transformar. Esto explica también la mala prensa que tienen los comunistas en Chile y por qué su candidato presidencial se desmarca de su propia ideología con tal de conseguir mayor apoyo popular.

Espero que Daniel Jadue fracase en su intento por llegar a La Moneda. Básicamente, porque si un diputado comunista con 14.000 votos es capaz de mentir tanto y comportarse de forma tan escandalosa, no me quiero ni imaginar lo que sería capaz de hacer un presidente comunista con millones de votos en su haber.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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