Hambre

Ahora se espantan por el hambre. Igual bueno, hace años que venían ninguneándola. En 2011 se les repetía como monos porfiados que en Chile todavía había hambre y que no tenía sentido pagarle la universidad de los ricos. No importaba, la cuestión era caer bien y repetir las falacias mesiánicas de Atria y Mayol. Los pobres no votaban ni sapeaban sus instagrams con la Pepa. Menos las guaguas que necesitaban estimulación temprana. Sí había, eso sí, que regular la calidad, controlar las mafias en la Comisión de Acreditación y concentrarse en la educación municipal, pero les daba lo mismo: había que taquillar, no matizar. Y fueron útiles además para el fondo del asunto: controlar la educación. Miren el caos en las universidades hoy. Y los colegios. ¿Qué van a decir los frenteamplistas cuando tengan hijos y quieran abrir un colegio Waldorf, pero el ministerio no los deje por «no seguir el currículum ministerial», «no justificar una demanda insatisfecha» o porque «ya existe» un colegio similar? Quizás hagan triquiñuelas. O, como inventaron ese nuevo negocio financiero de la autodonación, quizás abran un particular pagado, más fácil. Y destruyendo el Instituto Nacional de paso.

En esos años, la mitad de los chilenos pasaba hambre. Y hoy, 30 años después, menos de un décimo.

Hace pocos meses empezaron con que «no eran 30 pesos, sino que 30 años». De hace treinta años solo me acuerdo del Colo campeón en la Libertadores y de las verduras cocidas que nos daban en el colegio por la epidemia del cólera. En esos años, la mitad de los chilenos pasaba hambre. Y hoy, 30 años después, menos de un décimo. Si los políticos de hoy hubiesen hecho leyes esos días quizás nos habrían metido presos. Habrían caído en shock emocional al saber que bautizamos ‘cólera’ a un ilustre compañero y ‘McDonald’s’ a otro. Mucho más importante que la pobreza habría sido regular comportamientos de niños de 6 años. Más aún si era con imperialismo cultural. Igual que los teóricos educacionales: obsesionados con teorías de poscolonialismo cuando apenas el 1% de los chilenos que salieron del colegio entienden lo que leen. En esos años tiraban cloro con camiones al Mapocho porque estaba entero contaminado y había que combatir el cólera. Treinta años después el Mapocho está limpio y hasta con truchas farios río arriba. Incluso patos cortacorrientes.

Hace poco pedían cuarentena. Con rabia y seguridad, sin matizar. La aversión del Gobierno a las cuarentenas era la ignorancia y justamente esto: no causar más hambre, que es peor para los pobres, los que no tienen contrato y los que viven del día a día. Pero no importaba. Igual, seguros, querían cuarentenas radicales. Ahora no les gustan las cajas con comida, después de siglos gritando contra los subsidios a la demanda. Un delirio. Quizás no exista mayor drama que pasar hambre. Es bueno entonces que se preocupen de ella. A lo mejor volverán las prioridades que borraron estos calvinistas. Y luego se nos van a olvidar, hasta la próxima pandemia.

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