¿Hacia una nueva crisis financiera?

Alan Greenspan acaba de advertir a los mercados que probablemente haya una burbuja en los bonos del tesoro norteamericano. La Fed, que él mismo presidió por prácticamente dos décadas, sería, una vez más, la creadora de la burbuja. Desde la crisis financiera hasta la fecha esta ha comprado aproximadamente tres cuartos de los bonos emitidos por el gobierno federal. El alza de tasas, que, como predijimos, ha sido postergada una vez más, podría llevar a que esa burbuja reviente tal como reventó la burbuja inmobiliaria en 2008 luego de que la Fed aumentara las tasas tras masivas inyecciones de crédito.

Otros expertos como el premio Nobel de economía Robert Shiller han señalado que los precios de las bolsas están ya en terreno de burbuja mientras el ex director de presupuestos de Ronald Reagan, David Stockman, asegura que se está incubando un desastre mucho peor que la crisis de 2008 producto de la intervención de los bancos centrales en el mundo. Stockman espera que particularmente China siga su proceso de implosión, el que podría incluso llevarla a crecer 0% o a tasas de crecimiento negativas. Por supuesto este escenario es casi apocalíptico, pero no por eso imposible. Los chinos han manipulado por décadas su economía, intervenido su moneda para mantenerla artificialmente baja e inyectado gigantescas cantidades de crédito barato generando un boom con pies de barro. Ciudades completas han sido construidas sin que tengan utilización de ningún tipo.

Por si todo esto fuera poco, el profesor Laurence Kotlikoff, macro-economista de gran renombre en Estados Unidos, ha señalado hace no mucho, rindiendo testimonio ante el congreso de ese país, que Estados Unidos está “quebrado” con deudas que superan diez veces el PIB si son calculadas como corresponde. El testimonio de Kotlikoff es tan dramático como las cifras que muestra para respaldar sus afirmaciones. El Estado benefactor americano ya no es sustentable por lo que Kotlikoff llama a la clase política a sincerar la situación, declarar el default y hacer los ajustes que correspondan. La Fed en tanto, ha sido, según diversos analistas, la gran facilitadora de la explosión del gasto fiscal americano mediante la compra indirecta de bonos del tesoro. Su programa de QE y las tasas artificialmente bajas, dicen los críticos, impidieron un ajuste necesario en la estructura de producción americana creando una verdadera adicción al crédito barato.

Ahora bien, la teoría austriaca del ciclo de negocios enseña que el dinero y el precio del crédito no pueden ser manipulados sin crear graves problemas, así como el precio de ningún bien que se transa en el mercado puede ser fijado por alguna autoridad central sin provocar serias distorsiones en la provisión de ese bien y su cadena de producción. Si esta teoría es correcta, como el socialismo comprobó, entonces la intervención masiva de bancos centrales en los mercados de crédito y financieros está teniendo consecuencias sub optimas desde el punto de vista económico e incluso podría terminar dramáticamente. Nada menos que el Bank for International Settlements, que es el banco central de los bancos centrales, ha alertado que no se puede seguir abusando de la expansión monetaria y tasas de interés bajas. Así, cada vez son más las voces del mainstream que advierten sobre lo insostenible de las políticas de expansión crediticia y el endeudamiento de los estados occidentales. El problema es complejo por la dinámica que se ha instalado, pues tasas de interés artificialmente bajas conducen a un endeudamiento mayor del sistema en su conjunto, el que a su vez incrementa el riesgo sistémico llevando a que se mantenga las tasas de interés bajas para evitar que este haga crisis.

En otras palabras, se compra tiempo esperando un milagro. Es cosa de ver la tragedia del euro, donde se ha arrojado dinero bueno tras dinero malo, para advertir cómo opera esta lógica. Frente a esto solo queda preguntarse cuánto tiempo más los países de occidente serán capaces de patear la pelota y evitar los ajustes y desendeudamiento que requieren hacer.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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