Hacia dónde vamos

Es difícil saber en qué va a terminar toda esta decadencia. Lo único claro es que el azote lo van a sufrir los más pobres. El show del impuesto a los super ricos, además de recaudar nada, hará que se esfumen platas, como los dólares franceses que hace poco invadieron Londres y Lisboa y que hace años habían arrancado de Inglaterra —con los Rolling Stones escapando al sur francés para grabar Exile on Main Street—. Plata y trabajos para afuera. Así como la destrucción del Instituto Nacional nunca afectará a los hijos de sus destructores, esas platas tampoco. Lo mismo va a pasar con la gallina de los huevos de oro chilena: nuestros ahorros en las AFP, acelerante populista (ya no sé si conviene que el cobre siga subiendo). Jiles y Jackson tendrán billetes y contactos en el futuro, pero los jubilados pobres no. Y no habrá Estado que intente ayudarlos sin causar inflación y/o endeudar al país, subiendo las tasas y —de nuevo—, perjudicando a los pobres. En treinta años veremos una tropa de banqueros en Uruguay, y algunos antiguos frenteamplistas chilenos, tomando mate frente al río de la Plata rememorando unos viejos tiempos ardientes. Éramos muy cabros, dirán.

¿Los ricos? Se las arreglarán. Para qué decir el más contumaz ideólogo de esto, el comunista Manuel Riesco, quizás el último latifundista de Santiago —pero que critica a los latifundistas solo por serlo—, palacio incluido hasta hace poco. Él nunca tendrá un solo problema. Y menos su mujer, la diputada Carmen Hertz. Es fácil culpar a estos fanáticos que no creen en la verdad

¿Los ricos? Se las arreglarán. Para qué decir el más contumaz ideólogo de esto, el comunista Manuel Riesco, quizás el último latifundista de Santiago —pero que critica a los latifundistas solo por serlo—, palacio incluido hasta hace poco. Él nunca tendrá un solo problema. Y menos su mujer, la diputada Carmen Hertz. Es fácil culpar a estos fanáticos que no creen en la verdad. «Donar» es pagarle a un operador para que trabaje para él y «violencia» es paz. Genocidios y violaciones a DD.HH. son términos que echaremos de menos cuando los necesitemos de verdad. Este caos es culpa del obtuso y ciego presidente empresario-apolítico-oportunista que tenemos antes que de sus «alumnos en práctica», como los llamó Ascanio Cavallo, pero es eso: obcecación total en ser winner. En fin, igual era imposible con opositores que sicológicamente no aguantan no-gobernar, y que encuentran insuficiente todo lo que haga el Estado, a pesar de lo haya dicho la nunca amistosa CEPAL —y gracias a los ahorros que olímpicamente Raphael Bergoeing lamentó no haber quemado en el pasado, subiéndose a la nueva moda del nunca ahorrar—.

Matías Walker respondió hace unos días en El Mercurio a unas sátiras como si éstas hubieran sido serias. Eso nos ilumina el porqué él ha liderado este caos institucional.  Y qué decir de su hermano, Ignacio, llamando a calmar los ánimos y recordándonos la Guerra Civil de 1891, después de hacer alianzas con los comunistas. Torrente delirante. José de Gregorio se molestaba cuando le decían que «no abriera la puerta» del primer retiro. Debe estar orgulloso hoy, igual que Desbordes, Ossandón, Schalper y el diputado Coloma, todos abriendo esclusas. Votos, imagen y pusilanimidad, nada más.

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