Habrá que creerles

La alegría de hoy viene desde México, decía Gabriel Boric hace unos años. Recién había ganado AMLO y era una esperanza para la izquierda latina. A pesar su demagogia, populismo y odiosidades, todo se le perdonaba. Arriba camarada.

Ya lleva más de dos años despreciando la libertad de expresión, la ciencia —negacionista pandémico— y la naturaleza, a la que destruye con proyectos estatales inservibles de refinerías petroleras. Es lo que ocurre con la buena onda de darle al Estado un poder emprendedor: hagamos negocios que pierdan plata, da lo mismo, lo importante es darle pegas a quienes nos entreguen financiamiento y votos. Las pérdidas las pagan otros, para eso están los impuestos y la inflación. Y si se destruye la naturaleza, no importa, porque no hay mayor inocente que el Estado. Basta ver los castigados por el SENAME, por la contaminación de ENAP y por el escándalo del mar de Aral. Y ahora AMLO quiere darle ese proyecto del Tren Maya a los militares. Menos mal que prometía árboles y odio al fracking. Había que creerle.

De lunes a viernes hace una versión estatal de nuestros matinales: las “mañaneras”. Ahí lava su imagen, la de su gobierno, e identifica a los enemigos del pueblo: jueces, prensa o a quien le toque. No se inmuta ante preguntas puntudas: él maneja su propia realidad y datos. Un trumpismo misteriosamente perdonado. El fin de semana esperaba controlar el Congreso para profundizar las transformaciones necesarias. Aunque me llamen mesiánico, voy a purificar el país, decía. No lo logró, pero igual cantó victoria en sus “mañaneras”. Es la magia de la distorsión de la realidad y del lenguaje.

“Y acá el candidato Jadue niega sin pudor las alianzas que lo llevaron al poder para luego afirmar que no promoverá una “ola estatizadora”. Era como Greta Thunberg diciendo tranquilos, no instauraré energías limpias”

Kamala Harris dijo el lunes a los centroamericanos, “no vengan, no vengan”. Eché de menos el comunicado del Servicio Jesuita a Migrantes acusándola de racista, y más aún después de que siguió, con una frivolidad supina, diciendo que “Estados Unidos iba a seguir haciendo cumplir su ley, protegiendo su frontera” y que “había formas legales de inmigrar”. Qué falta de empatía esta mujer. Y acá el candidato Jadue niega sin pudor las alianzas que lo llevaron al poder para luego afirmar que no promoverá una “ola estatizadora”. Era como Greta Thunberg diciendo tranquilos, no instauraré energías limpias. Habrá que creerles. Después insistió con que teníamos “presos políticos”, para acompañar al show de la “donación” de RD o del “pinochetismo” con que ahora acusan a Orrego. Confucio decía que cuando las palabras perdían su significado, las personas perdían su libertad. Había que “rectificar los nombres”. Es poco lo que conozco al maestro oriental, pero sí sé que fueron los mismos camaradas de Jadue quienes distorsionaron completamente su pensamiento, pintándolo como un defensor de la sumisión y borrando todas sus ideas que llamaban a cuestionar al gobernante y al disenso político. El viejo truco. Habrá que creerles.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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