Francisco, Cirilo, Raúl y la sensibilidad democrática

La noticia sorprendió por su dimensión política: el Papa Francisco y Cirilo, Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, cabeza de la iglesia ortodoxa rusa, sostuvieron un encuentro histórico (el primero en casi 1.000 años) nada menos que en Cuba, y bajo el alero del único dictador de América Latina y desde 1959 el segundo hombre más poderoso de la isla, el general Raúl Castro.
 
Cuesta digerir que Francisco y Cirilo escogieran para esta cita una isla con dictadura atea, presos políticos, represión y millares de exiliados. Imagino que en la toma de esa decisión -imprudente en términos políticos por la violación de derechos humanos en Cuba- pesaron razones de itinerario y seguridad, mas no de tipo simbólico. Aun así, el asunto deja un sabor agrio.
 
Imbuidos por el aura de la historia, los portavoces del Papa y del Patriarca plantearon unos motivos que huelen a ingenuidad o indiferencia. Para Vakhtang Kipshidze, portavoz de la iglesia ortodoxa, la isla es “territorio neutral” e “ideal porque es un país principalmente católico, que tiene una comunidad ortodoxa en La Habana”. Añadió que “es un lugar igualmente hospitalario para todos. En cambio, Europa está conectada con experiencias negativas y dramáticas para ambas comunidades religiosas”.
 
¿En qué sentido Cuba es un “territorio neutral” y “hospitalario para todos”?, vale preguntarse. Cuesta entenderlo viendo los informes de Human Rights Watch. Y afirmar que Europa se vincula más con “experiencias negativas y dramáticas para ambas comunidades religiosas”, es pasar por alto el sufrimiento de los creyentes cubanos bajo los casi seis decenios de comunismo. Estos se iniciaron en 1961, cuando los Castro expulsaron a 300 religiosos españoles de la isla (sin mencionar lo que sufrieron los cubanos) y confiscaron las escuelas y numerosos templos de la iglesia católica.
 
El padre Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, explicó de otro modo el asunto, pero tampoco parece haber sopesado a fondo la historia regional: “En el pasado se intentó sin éxito lograr este encuentro… y hubo hipótesis de diferentes lugares en Europa, que es un continente muy complejo y con gran densidad histórica”. El padre debe saber que, para los latinoamericanos, Cuba es desde 1959 un país “muy complejo” por sus intervenciones político-militares en la región y con “gran densidad histórica” debido al modo en que instauró y propagó su modelo.
 
Con respecto a la cita, surgen más interrogantes: ¿Tenían que realizarla bajo los oficios de un dictador que anunció que dejará el poder en 2018, cuando cumpla 59 años en él? ¿No podían citarse, por ejemplo, en Costa Rica o Uruguay, países sobre los cuales existe consenso de que son democráticos y respetan los derechos humanos? ¿No estaban conscientes Francisco y Cirilo de que su encuentro en Cuba sería interpretado como inmerecido respaldo al monopartidismo castrista, y que lastima la sensibilidad de los creyentes latinoamericanos amantes de la libertad?
 
Premiar (ese es el resultado) con la cita a los Castro causa desconcierto, especialmente porque aparece el Papa. Celebrar la reunión en Cuba fue una decisión tan desafortunada como decepcionantes sus comentarios en torno a la demanda marítima boliviana. Aclaro: opino aquí sobre el Papa exclusivamente en relación con su política internacional.
 
Cirilo exhibe una innegable proximidad con regímenes no democráticos: en 2008 celebró a Fidel Castro y le concedió la Orden de Gloria y Honor de su iglesia, y a Raúl le entregó la Orden de San Daniel Príncipe de Moscú, sin manifestar la más mínima crítica al régimen. El Patriarca de Moscú es considerado defensor del dictador bielorruso, Aleksandr Lukashenko, y ha manifestado simpatías por Vladimir Putin, líder ruso de dudosas credenciales democráticas.
 
La cita en la isla da argumentos a quienes acusan a la Iglesia Católica de estar interesada en desarrollar allá buenas relaciones para recuperar las propiedades confiscadas por los Castro. Una restitución gradual se inició en 2009, que la Iglesia califica de un “proceso que genera un clima de confianza” entre las partes.
 
El proceso incluye hasta el momento una docena de propiedades, entre ellas templos menores y propiedades como la capilla de la antigua Universidad de Santo Tomás de Villanueva, cerca de La Habana, y dos templos de Santiago de Cuba: San José Obrero y San Benito. La propiedad más valorada es la iglesia del antiguo Colegio de los Padres Jesuitas, un espléndido edificio en Cienfuegos, 250 kilómetros al sudoeste de la capital.
 
Un encuentro de tanto simbolismo espiritual debe estudiar con acuciosidad el entorno social y político en que tendrá lugar, las sensibilidades que pueda afectar y los mensajes equívocos que pueda emitir. Demasiado premio para la dictadura más longeva que ha existido en las Américas.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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