Faltan pasas

En esta última semana he tenido el placer de escuchar, ver y leer con más frecuencia de lo habitual tanto al presidente Boric como al expresidente Piñera. El primero está en su salsa en Nueva York y el segundo desfogándose en los medios luego de su patriótico —pero a mi pesar siempre corto— silencio. Pero la dicha de leer, escuchar y ver a estos dos colosos de la política mundial se confunde con una honda preocupación que ahora exteriorizo con el fin de que llegue a quien corresponda: noto evidentes problemas de memoria en ambos estadistas. “Faltan pasas” habría dicho mi abuelita. 

Luego de finalizada la Parada Militar —y antes de que se le ocurriera abrir Twitter— el presidente Boric le dijo a Davor Gjuranovic que nunca ha tenido «problemas en particular con las paradas militares». Dado que descarto de plano que Su Excelencia haya querido mentirle al país, quiero creer que olvidó su tuit de 2011 cuando expresó lo lindo que sería no tener Parada Militar. Ya sé lo que está pensando, amigo arboriforme: ‘no podemos juzgar al presidente por un tuit aislado’ y me encantaría darle la razón, pero en 2021, en el debate presidencial de la primera vuelta, Gabriel Boric reafirmó su inquina contra la Parada Militar cuando puso en duda si esta ceremonia republicana de siglos pertenecía a las actividades institucionales en las que debía participar un presidente de la República y que lo evaluaría en su momento. ¿Habrá evaluado también presentarse al cambio de mando? Juro que le doy vueltas al asunto y no me queda más que preocuparme por la memoria del presidente. 

“Esta intranquilidad se reafirma cuando lo escucho decir ante la Asamblea General de Naciones Unidas lo siguiente: «un Gobierno nunca puede sentirse derrotado cuando el pueblo se pronuncia». ¿Se habrá olvidado de que se comportó como el jefe de campaña de la opción derrotada?”

Esta intranquilidad se reafirma cuando lo escucho decir ante la Asamblea General de Naciones Unidas lo siguiente: «un Gobierno nunca puede sentirse derrotado cuando el pueblo se pronuncia». ¿Se habrá olvidado de que se comportó como el jefe de campaña de la opción derrotada? ¿Qué me dice de las declaraciones de Giorgio Jackson? ¿No le suena: «hay cosas [del programa de Gobierno] que dependen de un cambio constitucional para implementarse»? De seguro también se olvidó que el plebiscito del 4-S fue definido por Guillermo Teillier como “la madre de todas las batallas”. De lo contrario, no puedo creer que no se sienta derrotado si el partido más grande de su Gobierno hace poco perdió “la batalla de las batallas”

Por desgracia, el expresidente Piñera no está mejor, habla como si el resultado de la Convención no guardara relación con el modo en que se eligió dicho organismo, proceso en el que participó activamente su Gobierno. Para colmo, en su última entrevista, se refirió a la elección de los escaños reservados con una ajenidad insólita, tratándola como parte del grupo que definió como «otras reformas e iniciativas[,] casi todas parlamentarias». Algunos mal pensados dirán que el expresidente Piñera está eludiendo su responsabilidad, pero estoy seguro de que eso no es efectivo. De seguro olvidó el cierre de su maravilloso discurso en el que promulgó dicha reforma: «Nuestro Gobierno respaldó esta iniciativa con la convicción que la Convención Constitucional, el órgano responsable de redactar una nueva Constitución para Chile, debe representar y reflejar fielmente la diversidad de nuestro país, y muy especialmente la participación y aporte de nuestros pueblos originarios». Si tampoco vienen a su memoria las poéticas palabras de su ministra Karla Rubilar: «estamos sembrando hoy día semillas de justicia con esta representación de los pueblos indígenas que va a cosechar paz», definitivamente algo no anda bien.  

A las almas buenas y generosas que se sintieron interpeladas por mi preocupación, las invito a ayudar a estos hombres que tanto han dado por nosotros. No podemos permitir que la memoria de don Sebastián y la de don Gabriel se esfumen. Sería una maldad de nuestra parte permitir que sigan hablando sin recordarles lo que hicieron y dijeron en el pasado. 

A los mal pensados que creen que las incoherencias anteriormente descritas son voluntarias. A pesar de la frustración que me da el no haberlos podido convencer, los invito a hacer lo mismo. No por nada Maquiavelo decía que «quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar» y si por culpa de sus torcidas mentes llegan a pensar que Gabriel Boric y Sebastián Piñera adecúan sus palabras según soplan los vientos, el problema es suyo por permitir que esto pase. 

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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