Estilos de vida I

Señor Director: Jorge Peña, en su respuesta a Adriana Valdés, dice estar en profundo desacuerdo con ella respecto de esa idea de que lo antiguo ya no se sostiene en política; y menos si se buscan votos. Sin embargo, no explica por qué, y menos argumenta.

La modernidad que tanto le molesta a Peña es un hecho, a no ser que demuestre lo contrario. Los jóvenes ya no se casan, la religión católica ya no gobierna, las mujeres no tienen roles definidos, las personas tienen apegos terrenales muy fuertes, los hijos nacen fuera de los matrimonios, los homosexuales no son rechazados ni sospechosos, etcétera. Luego Peña se sube a un púlpito cultural imaginario, nombra un par de autores, y tacha de ‘frívolo’ el análisis sociológico de Valdés diciendo que ella se saltaría a toda la tradición occidental. Menos explica Peña el porqué.

Se entiende que Peña esté algo alborotado porque habla y disiente de principios antes que de otra cosa, pero debería notar que está algo corrido de dominio argumentativo. Por eso es que pseudo ironiza con la palabra ‘normal’ utilizando su acepción de bien bienaventurado frente a un mal demoníaco cuando, la verdad, Adriana Valdés la utiliza refiriéndose a una cuestión estadística: en Chile es normal ser del Colo-Colo, pero no de Palestino. Si a Peña le parece mal que estemos llenos de colocolinos, allá él —y muy bien—, pero allá también el futuro político de quienes se alíen bajo una hegemonía conservadora como esa.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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