Estilos de vida

Señor Director:

Jorge Peña continúa con descalificaciones personales y no argumenta sobre los temas que se están discutiendo. Primero trató de ‘frivolidad y ligereza’ el análisis sociológico que hizo Adriana Valdés y después me dijo ‘individualista’, sin explicar en ningún caso el porqué. Ahora dice que él ‘dificulta creer’ que yo entienda el concepto de naturaleza humana que él abraza, aquel fundado en ideas de Aristóteles, pero ni siquiera hemos discutido al respecto y menos dice qué afirmación mía demostraría esa ignorancia implícita —al menos en su imaginación—. Una lástima. Es como que yo diga: ‘dificulto que Jorge Peña entienda cálculo diferencial, el sistema de separación y equilibrio de poderes y la teoría de la evolución’.

Eso de suponer de antemano ignorancia en otra persona habla bastante de él, de su personalidad y de su técnica argumentativa. Quizás crea también que yo peco de ‘ignorancia culpable’, lo que sería algo grave para su sistema de pensamiento. ¡Dios y su infinita misericordia me salve!

Una de las más geniales operaciones político-intelectuales que se haya forjado en los últimos miles de años es la que hizo, en gran medida, Tomás de Aquino, quien concilió ideas centrales de uno de los más grandes genios de nuestra civilización —Aristóteles— con las ideas y tradición de la Iglesia Católica. Esto les ha permitido a los católicos, una y otra vez, y en diferentes discusiones —y tal como lo hace Peña ahora—, catalogarse de ‘aristotélicos’ antes que de católicos, una jugada retórico-política magistral.

Se entiende la olímpica mariguanza, pero ahora no había para qué. Además, hay muchas ideas de Aristóteles, Platón, Locke, Darwin, Stuart Mill o el Chuña que, además de erradas, a nadie le tienen por qué importar y menos abrazar. Menos aún ahora, cuando lo que estamos pidiendo es otra cosa: que nos explique por qué insulta a otras personas por hacer análisis sociológicos. Guardando las proporciones, luego de ver las ‘donaciones’ y los miles de otros giros lingüísticos de Giorgio Jackson y sus amigos, quizás luego empecemos a escuchar cómo estos se catalogan hijos de Einstein o, por qué no, de Aristóteles.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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