Entre la política y la técnica

Esta semana en Concepción se vio al pasar un round, casi digno de un cuadrilátero y algunos focos, entre el alcalde penquista Álvaro Ortiz (DC) y el intendente Sergio Giacaman, en razón de la gestión de la pandemia. El primero, ha sostenido con profunda propiedad, firmeza y ahínco -desde hace buen tiempo ya- que se declare cuarentena total en Concepción y su provincia. Acierta el intendente en señalar que no sabía que Ortiz era epidemiólogo, puesto que no lo es y pontificar soluciones con tal grado de propiedad hace se examine con mayor recelo sus aseveraciones.

Los tiempos que corren exigen la mayor colaboración entre alcaldes y gobierno, la ciudadanía está cansada de la discusión.

La cuarentena total obligatoria es una medida más cercana a una última ratio, implementarla implica costos severos en diferentes frentes. Según Ortiz él ha escuchado a los expertos para fundarse. Aquí hay dos cuestiones. Por un lado, el alcalde puede estar cayendo bajo el sesgo de confirmación, esto es, escudriñar y privilegiar exclusivamente información -todavía más en quienes son versados en una determinada ciencia o arte- que confirme la propia hipótesis o tesis. En ese sentido, el alcalde en cuestión caería en la búsqueda de los yes man, que solo terminan por confirmar una postura previamente adoptada. Por otro lado, el retorno de los expertos -como han llamado algunos al fenómeno- se debe analizar en su mérito. Si los expertos dictan directrices en un sentido u otro y la autoridad política las acata sin cuestionamiento, habremos convertido al gobierno y al ejercicio del poder en una tecnocracia. Desnaturalizando así la función de la política.

Lo que se requiere, es que los expertos provean de insumos a la autoridad política, para que esta en el ejercicio de sus funciones, pondere y establezca cuáles serán las medidas más acordes a la situación que vive la población referida. Esa es la función que deben cumplir las autoridades. En esta materia no existe a ciencia cierta un camino o una baraja de opciones correctas que tomar con antelación, a nivel global estamos aprendiendo de este virus y cómo gestionarlo. Como diría Churchill: “coraje es lo que se necesita para levantarse y hablar; coraje es también lo que se necesita para sentarse y escuchar”.

Parece necesario comenzar a buscar tender más puentes que a cortarlos, abrir puertas que a pegar portazos y a dar más pases que querer llevarse la pelota para la casa. Los tiempos que corren exigen la mayor colaboración entre alcaldes y gobierno, la ciudadanía está cansada de la discusión que agota los ánimos y que no saca en limpio una mejoría en la gestión de la pandemia. Los alcaldes -y la oposición, dicho sea de paso- más que intentar ser protagonistas, deben poner la gestión de la crisis como prioridad, asumiendo que vamos todos en el mismo barco y que un resultado negativo nos perjudicará a todos. No es momento de mezquindad ni de marcar puntos que, en condiciones normales del debate público, suelen ocurrir con frecuencia. Hoy más que nunca sobran los motines contra el capitán del barco. Si queremos ciudadanos responsables, es momento de que la oposición y los alcaldes prediquen con el ejemplo.

.

.

.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación: