Publicado el 14.01.2016

El soberano consumidor

Ante las denuncias de colusión entre las principales cadenas de supermercados, realizadas por la Fiscalía Nacional Económica, muchos, en claro acto de protesta, llamaron a no comprar en sus locales el domingo pasado. Es decir, a boicotear, ejerciendo su libertad económica, comprando en ferias y almacenes.

La invitación a no comprar como forma de escarmiento público, nos recuerda que las personas no solo adquieren cosas sino también valoraciones subjetivas como la confianza en una marca. En una economía relativamente libre, los oferentes –es decir empresarios de cualquier tipo- siempre están bajo el escrutinio de los consumidores, no sólo por sus productos sino también por sus actos o lo que se opina de ellos. Las personas eligen a quien comprarle y no solo qué comprar. Por esto, la decisión de no adquirir bienes o servicios de quienes se considera no dignos de retribución, refleja la noción subyacente de que el consumidor es soberano absoluto. En ese sentido, el llamado a no comprar es una reivindicación del libre mercado.

No comprarle a un oferente determinado como forma de boicot, es algo legítimo. Es reflejo explícito de las valoraciones subjetivas de las personas a la hora de ejercer su libertad económica en el proceso de libre intercambio. Estas apreciaciones son tan relativas, que las personas pueden incluso llegar a conclusiones erróneas como considerar que alguien acusado de colusión ya es culpable sin tener certeza de las responsabilidades personales y jurídicas. Aun cuando no existe dictamen judicial definitivo (pero eso es harina de otro costal).

El llamado a no comprar en las grandes cadenas de supermercados el pan y la bebida para el almuerzo del domingo pasado, refleja la soberanía del consumidor en una economía relativamente libre, donde las personas no dependen de burócratas ni tarjetas de racionamiento para acceder a bienes y servicios, como ocurre en economías donde el Estado incluso se encarga de distribuir alimentos o vestimentas de mala calidad o que simplemente escasean.

Por eso, aplaudo que los chilenos hayan ejercido su libertad económica, ya sea comprando o no comprando en los supermercados, porque aunque algunos crean que la libertad económica es culpable de todos los males, están haciendo uso de ella para poder expresarse.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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