El sentido común no es de ultraderecha

El 25 de mayo de 2020, George Floyd fue asesinado en Minneapolis. Todo el mundo presenció el video que mostraba su detención y muerte. Todo el mundo condenó el incidente y reclamó justicia. Pero la izquierda radical llevó el incidente al extremo, lanzó una ola de protestas y saqueos alrededor del mundo; lanzó al estrellato a Black Lives Matter, (cuya líder se declara admiradora de Mao) y empezó a promover el desfinanciamiento de la policía. Hace un par de semanas en la propia Minneapolis se votó un plebiscito que le preguntaba al electorado si quería terminar con la policía y crear una nueva fuerza de seguridad. La respuesta abrumadora fue no. La gente fue a votar y dejó un mensaje fuerte y claro, la policía no es perfecta, comete errores y hay que corregirlos y sancionarlos, pero también nos cuida y protege y eso hay que promoverlo y financiarlo.

Mientras tanto, en el estado de Virginia (USA) hubo elecciones de gobernador en un feudo demócrata, la disputa se dio alrededor de un concepto simple, la izquierda  y el colegio de profesores a favor que las escuelas decidan la educación de los niños, los ciudadanos a favor de los padres. Estos se volcaron masivamente a votar y ganaron. Ellos quieren que el colegio eduque a sus hijos y no que los adoctrine, quieren participar y acompañar, no que los excluyan y reemplacen. Así con un discurso simple y que apelaba al sentido común, un republicano desconocido le ganó al gobernador incumbente que recibió todo el apoyo de la casa blanca.

En la Araucanía se realizó una consulta ciudadana, en que le preguntaban a la gente que vive y vota allá (no a los comunicadores y políticos que viven en Santiago) si quería más seguridad o menos. La gente masivamente pidió más seguridad. Esos votantes no se oponen al diálogo, pero no se negocia con grupos armados. Si el estado dialoga con grupos armados está cediendo a una extorsión. Todos los diálogos en democracia deben darse de cara al país y con la manos limpias no encapuchados ni armados. Los que viven en el sur -mapuches o no- quieren vivir en Chile y en paz, no en un país separado y controlado por el narcoterrorismo, quieren trabajar honestamente y construir un futuro no quemarlo.

En Chile y el mundo no es muy difícil ganarle al extremismo de izquierda. Lo hicieron Diaz Ayuso en Madrid; los padres en Virginia y los ciudadanos en Minneapolis. Hay que penetrar la nube tóxica de las redes sociales, de los periodistas vendidos, de los matinales capturados por rostros irresponsables y escuchar a la gente de la calle. Esa gente no es de derecha ni de izquierda pero tiene sentido común. Esa gente quiere vivir y trabajar en paz, quiere mandar a su hijo al colegio sin que lo cogoteen; quiere participar más en la educación de sus hijos y no menos; quiere más policías y no menos; quiere más trabajo y menos inflación; quiere que los héroes sean jóvenes emprendedores y profesionales, no guerrilleros ni manifestantes. Esa gente no está en contra de los extranjeros, pero si le molesta que cuando va a un consultorio le toca el número 200 y los 199 anteriores son inmigrantes ilegales.

Desafortunadamente para Chile, la dirigencia de izquierda se ha radicalizado, ha abandonado el sentido común y han alienado a sus bases que ahora buscan desesperadamente a alguien que los escuche. La verdad es que nunca pensé que echaría de menos a la concertación, pero no soy el único.

El domingo 21 habrá elecciones. Nunca ha sido más fácil el voto porque ahora las definiciones no se dan sobre sutilezas de políticas públicas sino que en torno a los principios que separan la civilización de la barbarie. Vote por los que creen que a los terroristas y delincuentes se los captura y juzga no que se los homenajea e indulta. Vote por los que creen que los padres tienen el derecho de educar a sus hijos y no la obligación de entregárselos a otros para que los adoctrinen; vote por los que respetan a carabineros no por los que los insultan. Vote por los que quieren más estabilidad y menos violencia no al revés. Esas preferencias no son de ultraderecha, ni de facho pobre, son de sentido común.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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