¿El regreso de Argentina?

En estos días late la esperanza en Argentina. Basta con volar a Buenos Aires, oír a taxistas, profesionales, industriales e inversionistas, para darse cuenta de que tras la reciente elección presidencial en que casi hubo empate entre el oficialista Daniel Scioli y el centroderechista Mauricio Macri, se respira allá optimismo. El resultado y el hecho de que el tercero en la contienda, Sergio Massa, también esté por un cambio tras doce años de kirchnerismo, sugieren que, gane quien gane en el balotaje el próximo 22, Argentina entrará en una nueva era, más pragmática, y menos populista e ideológica.
 
En mi adolescencia solíamos admirar los autos de los argentinos que visitaban Viña del Mar; alquilaban las mejores casas y frecuentaban los restaurantes top . Expresaban la enorme brecha en el nivel de vida entre nuestros países. No había cómo competir con un vecino favorecido por su vastedad, riqueza, ubicación y educación de su gente. Todo cambió cuando Chile se abrió al mundo y comenzó a insertarse en su economía. De pronto descubrimos que nuestros vecinos seguían conduciendo sus Torino ya vetustos, mientras nosotros subíamos a flamantes autos coreanos y japoneses. Buenos Aires nos siguió pareciendo hermosa, pero detenida en el tiempo, con tiendas atestadas de productos de manufactura local y buenos precios. La historia cambiaba.
 
Pero puede cambiar de nuevo. De partida, Argentina puede cambiar la realidad regional. Un triunfo de Macri repercutirá en la alicaída Dilma Rousseff, inspirará a la oposición venezolana frente al represivo Nicolás Maduro, aliado de Cristina Fernández, e impactará en La Habana, que negocia con Washington enfatizando su pertenencia a un bloque sudamericano que simpatiza con la dictadura castrista. Un centroderechista en la Casa Rosada no constituirá buena noticia tampoco para Evo Morales ni Ollanta Humala en su hostigamiento a Chile, pero impulsará nexos económicos más sanos y previsibles con nuestro país, lo que nos permitirá manejar de mejor forma las demandas territoriales de La Paz y Lima.
 
Si Macri gana, Chile deberá aproximarse rápido a él, toda vez que Bachelet respaldó a Scioli (como lo hicieron otros líderes izquierdistas de la región) al telefonearse públicamente poco antes de la elección. La Moneda reveló entonces su predilección, lo que tal vez se verá obligada a corregir mediante palabras y gestos convincentes. Según analistas, hay 70% de posibilidades de que triunfe Macri.
 
De país admirado en lo económico por muchos argentinos, Chile se convirtió ahora allá en un enigma. En una economía estancada, proteccionista, con inflación maquillada, paro y cepo cambiario, muchos anhelan desde hace años las tasas de crecimiento e inversión, la estabilidad, la lucha contra la pobreza, la apertura de mercados y la modernización de Chile. Pero ahora se preguntan desconcertados por qué Bachelet se distancia de gran parte de lo que su sector construyó en los últimos decenios despertando reconocimiento internacional. Fueron logros de cuatro administraciones de centroizquierda y una de centroderecha. Sorprende en Argentina que mientras el continente parece comenzar a apartarse de la ola de alternativas izquierdistas, Chile opte por navegar precisamente en esa dirección.
 
Si uno visita en estos días la revitalizada Argentina, constata que en Chile estamos cayendo en la desesperanza con respecto al futuro nacional. Sentimos que estamos divididos y se agotó la excepcionalidad del modelo chileno; que aparecieron competidores y volvemos al redil. ¿Somos ya solo uno más en el contexto económico regional? ¿Comenzaremos a compartir ahora sus magros resultados y sus índices de corrupción y delincuencia, y retornaremos al tradicional “síndrome Cristóbal Colón” de los gobiernos que consideran que la historia comienza con ellos? Lo más probable es que nos vayamos mimetizando con los resultados de nuestros vecinos y volvamos a ser lo que fuimos: un país en la medianía de la tabla de posiciones, que no desciende a segunda división, pero tampoco aspira a conquistar el título.
 
Tal vez en un futuro no lejano los chilenos nos detendremos nuevamente en las calles a admirar los flamantes autos de los argentinos, y viajaremos a Buenos Aires a celebrar una capital más próspera y mejor conectada al mundo que Santiago. La etapa del “mejor alumno” latinoamericano habrá quedado atrás. Si triunfa Macri, es probable que Argentina experimente un comeback , atraiga con su infinito potencial grandes inversiones, recupere el republicanismo en las instituciones y vuelva a ser líder en la región. Tal vez eso nos impulse en Chile a recuperar la unidad y el rumbo que hemos perdido.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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