El plazo de Henry

Hoy se cumplió el plazo autoimpuesto por Henry Boys para acabar con el marxismo en Chile de acuerdo con la entrevista publicada en La Segunda el 18 de noviembre de 2016. Preguntado por la periodista: «¿Se puede hablar de comunismo en Chile?» Boys respondió en los siguientes términos: «Lo que hay en Chile es marxismo en distintas formas. Pero en un plazo de 5 años vamos a acabar con el marxismo en Chile». Es innegable, y consta por el testimonio de los sentidos, que no lo logró a pesar de sus esfuerzos.

Para ser justos con Henry, vale decir que las cosas suelen envejecer muy mal en el papel prensa. Básicamente, porque nadie prepara una entrevista para que sea leída cinco años después, aunque a algunos les haría falta tener un poco de mirada de mediano plazo. Recuerdo que Cristián Monckeberg dijo el 27 de febrero de 2018, ad portas de recibir la cartera de Vivienda en Piñera II, lo siguiente: «Si hay una idea que fracasó es la de una nueva Constitución que Bachelet quería impulsar». Mírenlo ahora, tan a gusto en la Convención Constitucional gracias a la votación obtenida por Teresa Marinovic, a quien no podían ver ni en pintura en RN el día en que fue inscrita.

Pero aquí el conmemorado puso de su cosecha y no solo hizo lo suyo el implacable paso del tiempo. Si nos detenemos en el incumplimiento de la promesa de Henry cabe decir que se debe más a la imposibilidad de la empresa que a su incompetencia. La batalla de las ideas no sabe de triunfos definitivos y, por ende, tampoco de derrotas de la misma especie y es un grave error atribuir a un evento en particular (por muy positivo que nos parezca) la virtud de acabar con una idea. Es más, la política es tan dinámica y sus momentos tan frágiles que es en la victoria (siempre más breve de lo deseado) donde los intelectuales deberían “irse a los colchones” —como dirían en El Padrino— para estar más alertas y vigilantes que nunca, adelantando las siguientes jugadas del adversario.

Las caídas de regímenes, tiranos, estatuas y muros erigidos en nombre de la hoz y el martillo —por muy célebres que sean— en ocasiones nos han dado la falsa impresión de que el marxismo se ha acabado y el presente se ha encargado de evidenciar que no es así. La trayectoria de ideas pasadas nos muestra que es posible que un autor como Karl Marx deje de ser referido con la frecuencia y orgullo de hoy (como ha sucedido con otros igual o más importantes que él) pero llegarán otros profetas a llenar el espacio que dejan sentimientos tan perennes en la naturaleza humana como la envidia y el resentimiento. Por esto, Nicolás Gómez Dávila decía con su claridad habitual:

Los hombres cambian menos de ideas que las ideas de disfraz.

En el decurso de los siglos las mismas voces dialogan.

Sé que Henry, a pesar de su voluntarismo, es un buen tipo y se tomará a bien estas palabras. Me conformo con que (re)lea este escolio y se dé cuenta de la candidez de su proyecto. De no ser así, me veo en la obligación de decirle que no hay prórroga que valga, porque su problema es de metas y no de plazos. Habiendo tantos frentes de batalla abiertos, ¿por qué perder el tiempo con misiones irrealizables?

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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