El Mercado del Chiste

Durante su show de la noche del 3 de mayo, el comediante Dave Chappelle fue atacado en el escenario por uno de los miembros de la audiencia. Si bien aún no hay claridad sobre los motivos del atacante, este hecho se suma a la creciente tendencia de agresividad hacia los humoristas. Chappelle es conocido por la controversia de sus chistes, que han llegado a causar protestas en contra de él y de las plataformas que lo promueven. Aun así, Chappelle ha sido, y sigue siendo, uno de los humoristas más relevantes y exitosos de nuestra era, agotando entradas en cualquier venia. Mientras que, para algunos, Chappelle es un transfóbico que promueve el discurso de odio, para otros, es un genio humorístico digno de admiración. Dadas estas perspectivas opuestas acerca de la misma persona, uno se puede preguntar: ¿qué hace que un chiste sea malo o bueno?, y ¿sería prudente censurar algunas temáticas humorísticas para evitar el enojo y la controversia? Una simple analogía con las dinámicas del mercado ofrece posibles respuestas a estas interrogantes.

Tomemos, por ejemplo, los chistes sobre las nacionalidades de las personas. Algo de esta naturaleza podría parecer de mal gusto para un Peruano, fome para un Chileno, y de lo más gracioso para un Argentino. Y es que la naturaleza del humor es así, subjetiva. Por más trayectoria que tenga un comediante, jamás podrá lograr que cada chiste que se le ocurra sea bueno, pues, esto dependerá de quien oiga el chiste. Así también pasa en el mercado de las zapatillas; algunos estarán dispuestos a pagar los más de $100.000 pesos que cuestan las Nike Air Jordan, mientras que otros sólo las comprarán en oferta o usadas, y otros jamás las comprarán. Cada consumidor tomará su decisión sobre si comprar o no las zapatillas haciéndose la siguiente pregunta: ¿vale la pena?

Sin la libertad de expresión, los comediantes tendrían que adivinar cuales de todos los chistes que se les ocurren van a ser los más graciosos, lo cual bajaría la calidad de la comedia, perjudicando al comediante y al oyente

Para asegurarse de que los chistes saquen carcajadas en sus shows, los comediantes deben probar su material en el mercado de los chistes. Primero se los contarán a su familia, a sus amigos y a sus colegas comediantes. Luego, si les va bien, de a poco los contarán a audiencias más grandes. La mayoría de los comediantes cuenta con un repertorio de chistes que lleva años en desarrollo, adaptándose a lo actual y a la jerga local. Lo mismo sucede en el mercado de los celulares, dónde, Samsung cuenta con varias líneas de modelos diferentes que se han ido probando con el tiempo, algunas sin mucho éxito. Aun así, Samsung ha encontrado características que las personas consideran valiosas en un celular, como el lector de huella y la inaudita cantidad de cámaras. Se podría decir, entonces, que los buenos comediantes son emprendedores; personas que saben reconocer las necesidades humorísticas del mercado, y al mismo tiempo, son capaces de adaptarse y diseñar un material al que las personas le dan valor, riéndose.

Además, tal como sucede en el mercado los medicamentos, en el mercado de los chistes también existen instituciones que son cruciales para su buen funcionamiento. Para una farmacéutica que se dedica a crear nuevos medicamentos, es clave que exista una ley que proteja su propiedad privada (patentes), ya que ésta es la que le otorga el incentivo para invertir las enormes cantidades de dinero que requiere la investigación y desarrollo. Sin este incentivo, es muy probable que las farmacéuticas no hubiesen tomado el riesgo de innovar y muchos de los medicamentos que actualmente conocemos no existirían. Asimismo, para un comediante es necesario que exista una ley que proteja su libertad para probar su material frente a distintas audiencias y, así, mejorar o deshacerse de aquellos chistes que, en general, no causan risa. Sin la libertad de expresión, los comediantes tendrían que adivinar cuales de todos los chistes que se les ocurren van a ser los más graciosos, lo cual bajaría la calidad de la comedia, perjudicando al comediante y al oyente.

Las reacciones agresivas contra comediantes, aparte de ser condenables por su violencia, son arrogantes, pues provienen de personas que creen haber descifrado el valor objetivo de un chiste, quitándole toda importancia a las risas que éste pudo haber provocado en otros. Además, como explica Axel Kaiser en su columna sobre corrección política, hay comediantes que cambian el contenido de su rutina y no se presentan en ciertos escenarios debido a una “obsesión que tienen de no ofender a nadie”. Sin embargo, esto tendría un alto costo de oportunidad, pues muchos de los mejores chistes provienen de lo incómodo, lo inesperado, lo vulgar y lo morboso; índoles que pueden molestar, pero que demuestran lo necesario de la libertad de expresión para un fin deseable: la risa.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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