El hombre olvidado

Si usted quiere ir a la universidad a estudiar y formarse profesionalmente; si está recién casado y partiendo su vida con un par de niños y crédito hipotecario; si es una mamá que quiere elegir el colegio de su hijo y mandarlo a la escuela sin temer por su integridad; si es un pequeño comerciante que tiene un local y no quiere que lo asalten o es un camionero o agricultor de la Araucanía que se levanta preguntándose cuándo lo incendian; si es una carabinera que está orgullosa de su uniforme y de su dignidad femenina y no quiere que unas jóvenes arrogantes le falten el respeto; si usted está cerca de jubilarse y no quiere que le birlen los ahorros de una vida; si usted es un abnegado funcionario público que lo tiene chato la incompetencia y flojera de sus colegas activistas enquistados en el Estado, usted tiene muy buenas razones para levantarse e ir a votar en las primarias de centroderecha.

La derecha tiene un ideario simple. Se llama creer en las personas, en su responsabilidad, propiedad y libertad y desconfiar del poder: del Estado, del partido o del líder. Ese ideario cabe en la “derecha social” de Desbordes, en la neo socialdemocracia liberal de Lavín o en el progresismo libertario de Sichel o Briones. Todos tienen matices y colores que le dan diversidad a un discurso integrador.

“La derecha tiene un ideario simple. Se llama creer en las personas, en su responsabilidad, propiedad y libertad y desconfiar del poder: del Estado, del partido o del líder”

En nosotros conviven ángeles y demonios. La izquierda radical apela a nuestros demonios, el resentimiento, la envidia, la rabia y el odio. El humanismo inspira a nuestros ángeles, la simpatía, la generosidad, la honradez y el amor.

Esta elección se gana con humanismo, teniendo el coraje de defender nuestras convicciones y conectándonos con nuestros electores que valoran la libertad, la responsabilidad y la familia y que quieren que Chile progrese.

Es hora que nuestros candidatos le hablen al corazón de la gente común: al que Roosevelt llamó “el hombre olvidado”, al generoso Moya o la querida Sra. Juanita. Esa es la gente que vota por la centroderecha porque creen que los buenos andan de verde y los malos con capucha, prefieren pagar el metro que quemarlo y regar su antejardín que usarlo de basurero. Nuestros electores se emocionaron con el Himno Nacional en el Maracaná, y quieren mejorar Chile no refundarlo. Son los que admiran y respetan al pueblo mapuche, pero quieren tratarlos como personas y no como parte de un colectivo sin individualidad, derechos ni dignidad personal. Hay una mayoría silenciosa que prefiere levantarse a trabajar que a cobrar un subsidio; que quiere beneficiarse de su esfuerzo y que no le roben sus ahorros. Esa mayoría no quiere que la menosprecien por creer en dios, ni que la obliguen a sindicalizarse para trabajar o se entrometan en cómo educa a su familia. Son más los que se sienten representados por la integridad y serenidad de la funcionaria del Tricel que por el fanatismo y destemplanza de la constituyente de izquierda que la increpó.

Ahora bien; si usted cree que estatizando los ahorros previsionales del vecino le van a mejorar su pensión o subiéndoles los impuestos a las empresas va a haber más empleo y subirán los sueldos y que saqueadores, secuestradores y narcotraficantes son presos políticos, no vote por la centroderecha. Si confía que estatizando las escuelas va a mejorar la calidad y diversidad educacional, vote por los del frente. Si su solución para mejorar la calidad y acceso a los remedios y la medicina es fijar precios, estatizar clínicas y transformar a doctores y enfermeras en empleados públicos, vote en la otra primaria. Si goza quitándoles los patines a los mateos; tirándoles piedras a los carabineros y quemando iglesias, no vote por este lado. Y si cuando pasa frente a la Plaza Italia o a las cenizas de la Iglesia de la Asunción se insufla de dignidad, queda arrobado por la vista y disfruta con el aroma: mejor ni vote y hágase ver por un especialista. Es mucho lo que está en juego como para darse el lujo de no votar. Los verdugos de nuestra libertad y desarrollo no serán Jadue o Boric que desprecian esos valores, sino que los chilenos cómodos e irresponsables que el 18 de julio no se levanten a defenderlos votando en la primaria de centroderecha.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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