El fin de nuestro norte

Para un santiaguino o “sureño”, ir al Norte Grande es simplemente ir al desierto, altiplano entremedio. Hoy en día, eso sí, con tanto Instagram y Tik Tok, aparecen en los imaginarios capitalinos las playas y arenas blancas. Es difícil imaginarse en esas tierras mineras del norte un arado, una carreta o algún potrero de alfalfa, como cualquiera podría imaginarse al pensar en Quillota, o incluso en el Choapa. Sin embargo, los ríos como el Azapa, el Loa o el Huasco forjan las mismas costumbres terrenales del campo chileno. No faltan ni siquiera las medialunas para uno que otro rodeo. En el valle del Huasco, de hecho, está la Hacienda Centinela, un gran campo agrícola donde creció uno de nuestros más grandes ornitólogos: Guillermo Millie. Hace más de veinte años conocí ese valle. La contaminación en la ciudad de Huasco avanzaba, ya que aumentaban la potencias de las nuevas termoeléctricas y el relave de CAP se acumulaba en el mar ya por 20 años. Hoy, 2022, CAP dejará en teoría de tirar sus desechos al mar, un crimen minero prácticamente único en el mundo. Ojalá. El Minero Chico, característico pájaro de la costa de allá, lo agradecerá.

“El presidente Boric parece ser ahora un conciliador y, con Marcel, un verdadero ‘neoliberal’, pero esta es una política odiosa que sus amigos han esparcido a diestra y siniestra. Ahora apoyada por unos jueces, si se hace realidad, solo destruirá nuestra convivencia y civilidad”

He vuelto varias veces al desierto florido, a las playas, y a los pueblos pisqueros de Alto del Carmen y San Félix. Este verano en la costa, sin embargo, me llamó la atención la expansión de un antiguo fenómeno noventero: las tomas playeras. Es famoso allá Puerto Viejo por ser la cuna de ese innovador emprendimiento: la toma ilegal de terrenos para segunda vivienda. No había visto, sin embargo, cómo se había expandido a Barranquilla y muchas otras caletas. Ahora vi también tomas veraniegas en playas antes completamente vírgenes o menos vividas. Había enormes campamentos cubiertos con “mallas de kiwi” copando playas completas como la misma Barranquilla, Bahía Salada, y otras alrededor de Bahía Inglesa —con letrinas veraniegas que implicaban más que un corto sosiego—. Veremos en qué terminan esos veraneantes, pero yo creo que ni se imaginaban cómo podrían estar celebrando lo que pasaba en Santiago: la Corte Suprema fallaba confusamente un litigio que estaría debilitando el derecho de propiedad de quienes tienen tierras, las que podrían entonces ser ocupadas a la mala. ¿Cómo irán a votar esos jueces si es que les toman propiedades que son de ellos, o de sus amigos? Estas tomas costeras en el norte son, por lo general, enfocadas en el reposo —y muchas veces sobre tierras fiscales—, por lo que la historia corre por otro lado, pero mejor fantasear con el derecho social a una segunda vivienda, es un continuo, dicen. El presidente Boric parece ser ahora un  conciliador y con Marcel, un  real “neoliberal”, en teoría, pero esta es una política odiosa que sus amigos han esparcido a diestra y siniestra. Ahora apoyada por unos jueces, si se hace realidad, solo destruirá nuestra convivencia y civilidad.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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