El desafío de la automatización

Con el estallido social y la pandemia, algunos procesos de innovación en Chile parecieron quedar suspendidos hasta nuevo aviso. Pero el mundo siguió dando vueltas y mientras muchos estuvieron encerrados en sus casas, otros siguieron investigando y empujando tendencias que pronto chocarán con la realidad. Una es la automatización de los empleos, que traerá tanto desafíos como oportunidades para el país y que requiere de una colaboración conjunta para que sus beneficios tengan el menor impacto posible sobre el desempleo, cifra que rondó 11,8% en el último trimestre medido de 2020 en Valparaíso.

La innovación cada vez se difunde más rápido alrededor del mundo. Un invento demora poco tiempo en masificarse y alcanzar cientos de millones de usuarios. Los software y aplicaciones se diseminan mucho más rápido, pues no requieren de transportar algo físico a través de continentes. La automatización laboral no es una excepción, y para Chile es relevante discutir y enfrentar cuáles son las oportunidades de esta tendencia. Después de todo, antes de la pandemia, la OCDE ya proyectaba que un 53% de los empleos podían desaparecer, y existen consultoras cuya única misión es automatizar. ¿Por dónde irá esa cifra después del Covid-19? Todo depende de la forma en que se aborde el fenómeno.

“Antes de la pandemia, la OCDE ya proyectaba que un 53% de los empleos podían desaparecer, y existen consultoras cuya única misión es automatizar. ¿Por dónde irá esa cifra después del Covid-19? Todo depende de la forma en que se aborde el fenómeno”

En Valparaíso, la llegada de procesos automáticos causa resquemor desde al menos 2018, y es que la actividad portuaria y de logística ha sido de las más atractivas para implementar este tipo de avances. Pero esta innovación no se limita a la fuerza bruta o las acciones repetitivas. En el mundo, esta se utiliza desde tareas como atención al cliente, dónde se entrenan para interactuar con humanos, pasando por criminalística, donde se utiliza para abordar gigantescas bases de datos, incluso los juzgados y el periodismo, donde se automatizan procesos como la deliberación, la búsqueda de documentos o la redacción simple. Podría decirse que nadie está inmune a la llegada de las máquinas. De hecho, en septiembre de 2020, The Guardian publicó una columna, editada por ellos, que había sido creada por una inteligencia artificial (GPT-3, OpenAI), y que intentaba argumentar por qué no había que temerle a esa tecnología. Uno de sus principales razonamientos era que la automatización no viene a reemplazar a los humanos, sino que a ayudarlos.

¿Cómo podría ser positiva esta tendencia? Es importante aclarar que el concepto “automatizar” no se refiere directamente al reemplazo de plazas laborales, sino a hacer que tareas (muchas veces repetitivas) que requieren de un intermediario. Por ejemplo, revisar documentos o llenar excels, contestar mensajes o coordinar la logística de una operación de transporte. Una persona, técnicamente, no vendría a ser reemplazada por una máquina, sino que ayudada por esta.

Por otra parte, la automatización fue un pilar silencioso dentro de las medidas tomadas en el mundo por el Covid-19. Esto, ya que vino a dar soluciones rápidas para asegurar que procesos mantuvieran su funcionamiento, frente a las restricciones o cuarentenas. Según medios especializados como The Enterprisers Project, la estrategia recayó en limitar el contacto y la interacción (por los contagios), pero también hacer a la tecnología más simple y adaptable para personas poco familiarizadas.

Es cierto que no todos los trabajos son iguales y la irrupción de la automatización significa un periodo de adaptación, donde habrá personas que vean comprometidos sus puestos al traspasarse todas sus tareas a un proceso automático.

Primero, es necesario entender que existe una clara responsabilidad de las empresas de entender que estas tecnologías requieren de un personal capacitado y que entrenar a sus empleados para asumir otras tareas es parte del proceso de adaptación tecnológica.

Segundo, la innovación crea nuevos tipos de empleos, que se suman a la cadena de valor y que impactan en el mercado laboral. Es algo similar a lo que ocurre con el padre en la película “Charlie y la fábrica de chocolates” de 2005, quien pasó de rodar las tapas de los dentífricos, a aprender a mantener y reparar la misma máquina que lo reemplazó. ¿Quién venderá, gestionará o mejorará los servicios de automatización?

En suma, las oportunidades de la automatización están en complementar las capacidades humanas, reducir los trabajos físicos y peligrosos, y los riesgos en la capacidad de adaptación, en las redes de apoyo para la capacitación y en la deshumanización de ciertos procesos.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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