El Cifras

Si a usted le preguntan cuál es el promedio de altura de los chilenos y contesta “entre 7 y 17 metros”, su problema no es ser malo para los números, es que no sabe qué es un promedio, qué es la altura y qué es un metro. Esto no es raro si usted en la universidad visitó más las barricadas que la biblioteca y dedicó más tiempo a explorar que a estudiar. Con total honradez, hace muy poco don Gabriel Boric se declaraba inexperto y sin la preparación suficiente para ser presidente. Y tenía razón. Él es inteligente y con algo de sentido republicano, pero no tiene ni la trayectoria vital ni el rigor profesional, ni menos la experiencia laboral suficiente, para entender los errores que comete. Tampoco es capaz de discernir en temas complejos entre una burrada y una genialidad, entre un dato y un carril, y entre una opinión y una información. Esto sólo sería un desafío personal a superar sino fuera porque quiere ser Presidente y deberá tomar decisiones que nos afectan a todos. Ser buen político sirve para ser candidato pero no es suficiente para gobernar un país.

Este es un fenómeno común entre nuestros legisladores y que empeora si disminuye en edad y avanza hacia la izquierda. Campea el desprecio por los técnicos y profesionales (ignorar los efectos perjudiciales advertidos por la ciencia, la técnica o el conocimiento, sobre una mala decisión pública hoy se le llama “tener calle”). Por eso, a pesar de las advertencias, aprobaron los retiros previsionales. Hoy los jubilados están sufriendo con la caída de sus retiros programados; los jóvenes y la clase media que soñaban con la casa propia ven como se alejan los créditos hipotecarios; todos sufrimos con la inflación y el anhelo de una pensión digna se esfumó para millones de chilenos. Lo peor fueron los periodistas que, en vez de cumplir con su deber de informar, emplazar y denunciar la chapucería política, comparaban estas advertencias con el cuento de Pedrito y el Lobo.

El daño que han provocado en nuestra educación es sintomática de la nefasta combinación de ignorancia, ideología e inexperiencia. Pusieron el énfasis en la educación superior cuando la prioridad es la primera infancia; en la igualdad, el lucro y la gratuidad cuando las prioridades son la calidad, la inversión y la diversidad. En definitiva, degradaron un sistema que funcionaba y mejoraba por uno que se deteriora día a día.

Así como hay que proteger el capitalismo de los capitalistas, lamentablemente hay que proteger también a la política de los políticos; a la prensa de los periodistas y a la educación de los estudiantes.

“Soñábamos con una Convención Constituyente de juristas y ciudadanos de excepción, pero de esos elegimos pocos. En cambio impostores, diletantes y charlatanes elegimos varios. Nos faltará vida para arrepentirnos de ese error. Ojalá no lo repitamos con la presidencia”

John Kennedy en su famoso discurso de inauguración anunciaba el cambio generacional con estas palabras:

“Dejemos aquí y ahora que corra la voz, a nuestros amigos y enemigos por igual, de que la antorcha ha pasado a una nueva generación de estadounidenses, nacidos en este siglo, templados por la guerra, disciplinados por una paz dura y amarga, orgullosos del legado recibido, quienes no están dispuestos a presenciar ni permitir la lenta ruina de esos derechos humanos con los que nuestro pueblo ha estado siempre comprometido, y con los que estamos comprometidos hoy en esta nación y en todo el mundo”.

JFK -entonces de 43 años- estaba graduado de la universidad, era casado y padre de familia. Había trabajado en el mundo real y había luchado y sido condecorado en la segunda guerra mundial. Para ser adulto no se requieren todas ellas claro está, pero al menos una o 2 son convenientes.

Hoy una camada joven de izquierdistas quiere tomar el poder. Pero les falta mucho. Miren lo que han hecho con Valparaíso que está más parecido a un vertedero que a la joya del pacífico. Se sienten dueños del mundo cuando recién están partiendo su aventura por descubrirlo. La política y la juventud tienen un lugar en esta tierra, pero la técnica y la madurez también. La política tiene limites en la ciencia, el conocimiento y la experiencia y mientras no los conozcan es inconveniente que pretendan hacerse cargo de Chile.

Soñábamos con una Convención Constituyente de juristas y ciudadanos de excepción, pero de esos elegimos pocos. En cambio impostores, diletantes y charlatanes elegimos varios. Nos faltará vida para arrepentirnos de ese error. Ojalá no lo repitamos con la presidencia.

.

.

.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación:

 

"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

Súmate a la FPP Dona Suscríbete

 
Loading...

Cargando ...

Escríbenos a través de Whatsapp
¡Chatea con nosotros! 👋🏼