El caso Frei: ¿una historia de traición?

Mucho se ha escrito sobre este caso y lamentablemente una parte de la opinión pública parece guiarse por una opinión política, sin leerse los varios cientos de páginas de las sentencias de ambas instancias que leí con interés. Muchos creen que lo mataron; muchos creen que se debe culpar a alguien y a muchos le gustaría culpar a Pinochet, pero como no pueden, culpan a un chofer, a los doctores y hasta unos taxidermistas que por trágica casualidad les tocó embalsamarlo.

Entiendo a la DC que le conviene tener un mártir de la talla de Eduardo Frei y expiar su apoyo inicial al golpe de Estado; lo que nunca entendí es que un juez condenara a varias personas como autoras de un crimen, cuando nunca se acredita ni que hubo asesinato, ni cuál fue el medio empleado, ni menos la participación culpable de los condenados. El fallo unánime de la Corte de Apelaciones descartó el homicidio, atribuyó la muerte a razones médicas y desestimó la autoría de los condenados en primera instancia.

¡Esto es muy relevante!: antes de buscar a los culpables de un crimen, la justicia debe asegurarse que haya existido tal crimen. En este caso se descartó la existencia de un homicidio.

Todo crimen requiere un móvil, un medio y una oportunidad.Pero éstos deben concurrir en una persona específica que es quien lo comete. En este caso, los móviles (motivaciones políticas) se les atribuyen a personas distintas a las que tuvieron la oportunidad (médicos tratantes) y el medio, resulta distinto el invocado en la acusación penal (envenenamiento: descartado en ambas instancias y por varios peritajes de laboratorios extranjeros), con aquel por el cual condenaron a los doctores (intervención quirúrgica innecesaria para después contradecirse y decir que fue tardía).

En simple, los que le tenían ganas (enemigos políticos, la CNI, la dictadura, etc) no tuvieron la oportunidad; y los que tuvieron la oportunidad (médicos: Larraín, Silva, Rojas,etc) querían sanarlo y no matarlo. Finalmente, el medio utilizado (segunda operación), tenía una explicación médica alternativa mucho más convincente que la del supuesto asesinato.

Mediática y políticamente es más atractiva la tesis del asesinato que la verdad y por eso se ha mantenido viva tanto tiempo. Todas las actividades de los imputados tienen explicaciones razonables. Por ejemplo, el ‘transfer factor’, no estaba autorizado en Chile (todavía se usa), pero se decide aplicarlo porque Frei agonizaba; no se lo prescribe ni aplica Silva Garín, sino que Hurtado y Valdés (no acusados) y según declara el doctor Beca (yerno de Frei), resultó inocuo. El embalsamarlo buscaba evitar la descomposición de un cadáver que estaría expuesto varios días a un funeral de Estado y no a encubrir las huellas de un crimen cometido por doctores que los taxidermistas ni conocían.

Este caso deja una historia de traición dolorosa y que no deja bien a nadie. Si hay asesinato a Frei lo traicionaron sus cercanos o doctores simpatizantes de la DC.Y si no lo hay, la DC y la familia Frei traicionaron a varios leales e inocentes doctores y amigos arruinándoles parte de su vida. ¿Y El Colegio Médico? Triste su deslealtad con la ciencia y con miembros de su orden. Pareciera que siempre que debe elegir entre la política y la medicina elige la política.

La Corte nos ha devuelto la fe en el derecho como una ciencia que exige de lógica, evidencia y coherencia. Si Frei fue asesinado, no lo sabemos, pero la evidencia disponible, no acredita un homicidio. La tesis del asesinato supone una conspiración tan inverosímil como improbable, entre doctores que traicionan su juramento y camaradas que traicionan sus lealtades pero que no se conocen entre ellos. Estos desconocidos supuestamente colaboran en una asociación criminal espontánea, pero de una sutileza y sofisticación renacentista que requiere de una coordinación germana.

Nuestro sentido de la justicia exige culpabilidad ‘más allá de toda duda razonable’, lo que supone que preferimos liberar a 100 culpables que condenar a 1 inocente. Así se sirve la justicia y así lo ha hecho la Corte de Apelaciones.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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