El canto de los canarios

Pocos me creen cuando digo que en mi terraza se asoman pájaros carpinteros. Y no es que mi departamento esté precisamente frente a un parque: está en la mitad de nuestra metrópoli chilena, Santiago, y ni siquiera muy cerca de uno. No se asoma el clásico carpintero negro, grande y con cabeza roja (el macho), parecido al famoso ‘Pájaro Loco’ y común en el sur de Chile, sino uno conocido como carpinterito, mucho más chico y jaspeado blanco y negro. Éste es un habitante común del barrio, como se puede comprobar en eBird, una plataforma mundial en la que todos podemos registrar nuestros ‘avistamientos’. Ahí, con la colaboración de cada individuo, de cada pajarero perdido en cualquier parte de Chile que se dé la lata de subir la información, se acumula un conocimiento muy valioso para la comunidad científica, y el mundo. Recabar la célebre información dispersa en la sociedad.

Es el maldito mercado, como lo llaman unos, o sociedad civil, como le gusta llamarlo a otros, organizado y colaborando en su máximo esplendor: 1) la Universidad de Cornell, en Estados Unidos —no gratuita, privada y de calidad—, creadora de eBird; 2) la Red de Observadores de Chile (ROC), la organización unida por los pájaros chilenos y encargada de editar acá esa plataforma, y 3) cada pajarero en su casa o terraza. Juntos, además, celebrarán este sábado 5 de mayo el Global Big Day, día fijado para celebrar a nuestros pájaros en el mundo y subir a eBird el mayor número de especies posibles, sin importar si han sido vistas o escuchadas en el jardín, plaza o esquina de tu casa.

Todo vale, tanto los caiquenes en Tierra del Fuego, como los chincoles de Lo Espejo. No hay para qué ser uno de esos personajes obsesivos que persiguen pájaros por el mundo, como Owen Wilson en la comedia ‘The Big Year’. Hay que ser un simple ciudadano. Palabra de moda. De hecho, a esto lo llaman ‘ciencia ciudadana’. Aunque también se puede competir, si se quiere, ¿o esto le quitará sentido a todo? Quizás algún neoliberal alienado habrá tenido la peregrina idea de introducir competencia a una práctica tan noble como observar pájaros y colaborar con la ciencia.

En fin, a veces es bueno saber qué especies viven en las diferentes ciudades o barrios, ya que dicen mucho de ellas. Muchas veces reflejan, también, su evolución —por algo Illapu se preguntaba por las gaviotas que habían llegado al Mapocho—. Así como avistar un pájaro carpintero una tarde en mi terraza me dice que vivo en un barrio sano, con áreas verdes, o al menos bastante cerca de plazas o jardines, algunos cantos me hablan de la vitalidad de él: hace más de ocho años, cuando llegué al barrio, escuchaba los cantos de los canarios. De a poco se fueron extinguiendo, hasta hoy, que ya se esfumaron. Cambio de vitalidad, o de sociedad.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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