El Amazonas útil

En 2008 intenté llegar a la selva boliviana por segunda vez, y no lo logré. Era la oriental, en Santa Cruz, y Evo ya estaba en el poder. Cruzando desde Calama casi congelados por el frío altiplánico llegamos hasta Uyuni, donde nos quedamos encerrados. En su plaza, aplanada con baldosas claras, pasamos varios días tomando lo único abundante: cerveza y sol. Los mineros cooperativistas de Potosí habían bloqueado todas las carreteras. Años después, los mismos mineros mataron a un subsecretario a pedradas.

Esta semana, diez años después, tampoco llegué muy lejos. Los incendios estaban quemando los bosques y pantanales de toda la región. Aunque llegué a Santa Cruz, no pude avanzar mucho. El chofer del bus me dijo, a unos kilómetros de llegar a San José de Chiquitos, que no iba a entrar porque si lo hacía le romperían los vidrios. Es la competencia, me dijo, los dueños de los ‘trufis’ no nos dejan entrar con estos buses nuevos.

“Ya se han quemado tres millones de hectáreas en Bolivia, dos veces la Región Metropolitana, pero Evo Morales no quiere declarar ‘desastre nacional’ porque, dice, no son un país limosnero”.

Ya se han quemado tres millones de hectáreas en Bolivia, dos veces la Región Metropolitana. Evo Morales no quiere declarar ‘desastre nacional’, porque, dice, no son un país limosnero. La edición del último domingo de Cambio, el diario que él fundó, trae apenas dos noticias de los incendios: un concejal diciendo ‘todavía tenemos la suficiencia económica, logística y humana para enfrentar y controlar este incendio que lamentablemente se ha producido’, y una página completa sobre cómo apagaron un foco. Las profundas y largas sequías causadas por el cambio climático hicieron que los incendios naturales y las quemas arrasaran el Amazonas. Evo, en una política que me recordó viejas prácticas rusas en Estonia y Ucrania, está regalando tierras en oriente a los bolivianos de occidente, quienes, inexpertos, quemaron bosques para meter ganado y cultivar la tierra. Los ‘chaqueos’, como les llaman, se les fueron de las manos.

En Bolivia se puede fumar en bares y restaurantes, los quioscos y almacenes son casi todos rojos e instalados por la Coca-Cola, y la Iglesia opina rampante y sonante en los diarios. La Constitución es del año 2009 y no dejaba a Evo reelegirse ahora, pero de repente se dio cuenta de que no le gustaba la idea. Le dieron ganas de quedarse más tiempo. Le pidió permiso al pueblo y este, en un referéndum en 2016, le dijo que no. No le importó y fue a preguntarle a ‘su’ Tribunal Constitucional Plurinacional, que le dijo que se relajara, que podía reelegirse infinitamente. Las elecciones son en un mes más y cambiaron a varios jefes del Órgano Electoral Plurinacional por miembros de su Movimiento al Socialismo (MAS).

Acá, en Chile, ya instrumentalizaron las nobles causas de mujeres e indígenas. Hoy empezaron con el medio ambiente, pero incapaces de diferenciar un pato jergón de un cortacorrientes. Allá, así está la cosa, con un indígena socialista del siglo XXI súper preocupado del pueblo y la Pachamama.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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