Publicado el 04.06.2020

Educación en equilibrio

El acto moral es aquel que logra el justo balance entre el intelecto y la sensibilidad, y así debiese actuar la voluntad. Por ejemplo, a propósito de la amenazante carta enviada por la dirección académica de la Escuela España de Valdivia —establecimiento educacional municipal— a sus apoderados, por una presunta falta de colaboración general con las tareas solicitadas a los alumnos y una falta de comunicación con profesores, se comunica que de continuar la situación procedería por parte de la escuela a elevar una denuncia ante el Tribunal de Familia por eventuales violaciones a los derechos fundamentales de los niños. Conflicto que fue filtrado y cubierto mediáticamente, pero del cual de todas formas podemos tomar lecciones, hacernos preguntas y reflexionar.

No es de sorprenderse, que los medios de comunicación importan. Estos han evolucionado, difundiendo tendencias y situaciones como estas, que quizás anteriormente hubiesen pasado por irrelevantes y propias de negociaciones privadas, pero que hoy se funden con opiniones para quedar al escrutinio público. Como si ello fuera poco, las noticias hoy tienen una característica explosiva y susceptible a manipulación en redes, lo que forma uno más de los riesgos de transmitir un mensaje y que se ha visto magnificado en este contexto de desgaste social y económico.

“La libertad de enseñanza no puede disociarse del derecho de los niños a educarse. (…) No está demás preguntarse en este y otros escenarios, cuánto debiese lo público inmiscuirse para cumplir con sus tareas designadas y cuánto corresponde hoy revelar de nuestra vida privada”

Las actitudes valientes, contrarias a la inercia, que hacen frente a los costos, por causas nobles —como creo pudiese verse el liderar la educación de niños— deben ser siempre aplaudidas, pero sin olvidar que serán juzgadas por la forma en que son realizadas, a pesar de que en ellas se consideren contextos, normas, méritos y motivaciones.

Por otro lado, el respeto a las libertades personales importa también. No deberíamos olvidar que “nuestras libertades individuales terminan al encontrarse con las del próximo”, algo que a pesar de ser un concepto sobre utilizado —muchas veces acomodaticiamente—, nos permite entender cuáles son los límites y desafíos que la frase por sí sola no logra explicar.

Hoy tenemos nuevos desafíos, y está en nosotros lograr balancear las situaciones en colaboración, con sensibilidad e inteligencia, con miras a un mejor futuro. En educación, por ejemplo, la libertad de enseñanza no puede disociarse del derecho de los niños a educarse. Si bien, en este contexto existe una pugna todavía reciente, no está demás preguntarse en este y otros escenarios, cuánto debiese lo público inmiscuirse para cumplir con sus tareas designadas y cuánto corresponde hoy revelar de nuestra vida privada, pero también, cuánto está cada uno dispuesto a ceder de manera de generar una comunicación eficiente, y tener una actitud resolutiva de los problemas, en base al dialogo y respeto mutuo.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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