Ediles y el “punto G”: Columna no apta para menores

Confieso que ese pequeño ser libidinoso que habita en mí me llevó no diré a leer pero sí a hojear el manual de educación sexual publicado por la “nunca más Ilustrísima” Municipalidad de Santiago. Para los degenerados que crean que descubrirán un libro porno, les informo que no es así. Es un libro descarnado, pero a mí me pareció pedagógico. Claro que se podrían haber esmerado en agregar que el sexo no es solo una actividad gimnástica que tiene riesgos de enfermedades o embarazos, sino que tiene una dimensión emocional y afectiva tocada solo tímidamente por el libro. Pero bueno, si el libro fuere la única aproximación que los adolescentes tienen al sexo, estaría mal, pero supongo que las familias, profesores, doctores, sacerdotes y otros podrán hacer su parte de la pega y agregarle la dimensión humana al tema.
 
Lo que sí me pareció un poco exagerado es alguna información que va más allá de todo propósito pedagógico, como es en la página 56, cuando se habla de las propiedades nutritivas y rejuvenecedoras del fluido seminal para el cutis. Me pareció un tema que podrían haber obviado por el mal gusto (estético, se entiende). Sí tiene un detalle fabuloso que es un guiño a la más ingeniosa contribución legislativa de este gobierno, como son los discos PARE. La publicación nos informa -con discos PARE negros- que tal efluvio vital masculino no es light , sino que es “Alto en proteínas”, “Alto en calcio”, “Alto en lípidos” y varios más que por pudor no mencionaré. Probablemente, esto lo hicieron para disuadir su consumo, porque la publicación se extiende, inncesariamente, sobre las características organolépticas y nutritivas de la secreción en comento. La verdad es que después de descubrir este secreto de naturaleza, si yo fuera una autoridad edilicia, me preocuparía de no lucir un cutis demasiado lozano.
 
Ahora, para aquellos mal pensados que consideran que el “punto G” es alguna alusión modesta a mi nombre y a la fama que precede a los hombres de mi familia, los quiero sacar de su error. La publicación edilicia nos educa respecto del mítico “punto G”, donde no se hace ninguna alusión a este columnista. Por el contrario, se informa que es un punto que existe tanto en hombres como en mujeres, y que cuesta descubrir, pero que puede generar placer intenso. La publicación motiva a los adolescentes a seguir buscando ese punto, tanto en la propia humanidad como en la de su pareja. Yo me adhiero entusiasta a la convocatoria e invito a los lectores (mayores de edad) a no cejar en el empeño.
 
Lo que no encontré en el libro -y que por formación profesional me parece apropiado advertir a algunos entusiastas de la disciplina (del sexo, no del derecho, se entiende)- es ninguna mención a que el sexo con niños es delito. Pero me imagino que la omisión se debe a lo que afirman los sucesivos gobiernos y es que no existe un problema de delincuencia sino que las víctimas tenemos un problema de percepción.
 
Quisiera destacar la labor del grupo de gente que redactó los textos, seleccionó los temas y dibujó las ilustraciones, porque en simple, cubren todas las dudas y vacíos que podría tener la educación sexual que damos a nuestros hijos cuando los confundimos con abejas y cigüeñas. El mismo grupo podría hacerse cargo de la reforma tributaria y de arreglar el Transantiago. Sin miedo, temores ni prejuicios redactan un texto en algo más de 100 páginas, que no necesita de circulares aclaratorias ni de glosas presupuestarias para que cumpla el objetivo.
 
Finalmente, el libro disipa una interrogante que ha acosado nuestra vida republicana, como es ¿qué entiende por sexo la Ilustre Municipalidad de Santiago? Nuestra alcaldesa, desmintiendo a Bill Clinton y al senador Ossandón, nos informa que actividades por vías no destinadas al efecto sí son sexo. Si usted creía que explorando rutas alternativas estaba dedicado a otra cosa, el libro es categórico y despeja toda duda.
 
No me parece, sin embargo, que esto contribuya a la educación gratuita y de calidad del Gobierno. Y a lo que no contribuye, por cierto, es a explicar a los niños que el sexo es una actividad maravillosa al servicio de los afectos, sentimientos y formación de una familia que requiere de madurez. Pero supongo que como eso no estaba en “el programa”, nos toca a nosotros los padres hacernos cargo.
 
Tras esta publicación, la alcaldesa, orgullosamente, podrá decorar el salón edilicio -a modo de trofeo de caza- con la cabeza de una “cigüeña”, porque ha asesinado todo vestigio de candor en la visión del sexo que tienen los adolescentes.
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Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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